De amigos derribados

Por desgracia, ni es el primero ni será el último.

In memoriam vuelo 17 de Malaysian Airlines, derribado el 17 de julio de 2014 sobre la Cuenca del Don.

In memoriam vuelo 17 de Malaysian Airlines, derribado el 17 de julio de 2014 sobre la Cuenca del Donets, con 298 personas a bordo. Foto: © M. Zafriz, planespotters.net (Clic para ampliar)

Una vez más, nos han abatido a un amigo. Bueno, en esta ocasión, a 298 amigos. Eso lo convierte en el peor derribo de la historia, superando en ocho al que hasta ahora encabezaba tan infame lista: el Iran Air 655, destruido por el crucero USS Vincennes de la Armada de los Estados Unidos el 3 de julio de 1988, con 290 ocupantes. En esta ocasión la tragedia se ha cernido otra vez sobre Malaysia Airlines, que menudo añito lleva; como ya sabrás, a menos que hayas andado por la nube de Oort estos últimos días, el vuelo Malaysian 17 de Amsterdam a Kuala Lumpur cayó sobre la disputada cuenca del río Donets sobre las 16:20 (hora local) del pasado jueves. Según todos los indicios, reventado por un misil.

Como te digo, no es el primero, ni mucho menos. Viene ocurriendo desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando los aviones civiles y militares empezaron a compartir el cielo a menudo. Los primeros fueron dos Junkers Ju-52 de fabricación alemana, el 14 de junio y 26 de octubre de 1940, uno a manos de la Fuerza Aérea Soviética y otro de la Japonesa. Fue bastante lógico –que no bueno– porque los Ju-52 civiles se parecían mucho a sus versiones militares, tanto para transporte como los bombarderos que se estrenaron en la Guerra Civil Española, dando lugar a la expresión armas de destrucción masiva. De hecho, poco antes, el 30 de mayo y el 2 de junio de 1940 los cazas británicos y la defensa antiaérea sueca ya se habían cepillado sendos transportes militares nazis de este mismo modelo. Con una guerra de alcance planetario en marcha nadie miraba mucho el pelo de un Ju-52, a ver si era civil, militar o militarizable, y así comenzó la cosa.

Desde entonces, entre vuelos civiles y aviones de tipo comercial realizando misiones militares, ha ocurrido al menos 325 veces tanto en tiempos de paz, como de guerra, como cualquiera de los tonos de gris que hay en medio. El primero así gordo para los criterios de su época fue el vuelo regular británico BOAC 777-A de Lisboa a Bristol, un DC-3 abatido en el Golfo de Vizcaya por ocho cazabombarderos nazis Junkers Ju-88 el 1 de junio de 1943. Perecieron sus 17 ocupantes, entre ellos el actor Leslie Howard, el destacado sionista Wilfrid B. Israel,  un presunto agente especial inglés y dos niñas de 11 años y 18 meses. Hubo muchas conjeturas sobre los motivos de este derribo, pero los pilotos alemanes que lo ejecutaron declararían después que simplemente nadie les informó de que había un vuelo civil programado en el sector y lo tomaron por un transporte militar. Al igual que ocurriera con los Ju-52, a los DC-3 también se les daba un uso bélico extensivo, por lo que la confusión estaba de nuevo asegurada.

Tupolev Tu-104A

Probablemente, el primer avión de pasajeros derribado por un misil fue un Tupolev 104A como este: el vuelo Aeroflot 902 de Jabárovsk a Moscú con escalas en Irkutsk y Omsk. Según reconocieron bastante más tarde las autoridades soviéticas, fue abatido accidentalmente durante unas maniobras militares en la Marca de Krasnoyark, el 30 de junio de 1962. Murieron sus 84 ocupantes. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

El primero que cayó al sobrevolar una zona conflictiva sin tener nada que ver con el asunto fue un vuelo checo de Praga a Israel vía Roma y Atenas. Aproximándose a Atenas, se perdió en las nubes y lanzó una bengala para dejarse ver. Los griegos, que andaban de guerra civil, lo tomaron por una amenaza y le zumbaron con artillería antiaérea. Perecieron las 24 personas que iban a bordo. Otro muy destacado fue el vuelo israelí El Al 402 de Londres a Tel Aviv con escalas en Viena y Estambul. Se trataba de un Lockheed L-049 Constellation, la versión civil del transporte militar C-69, con 51 pasajeros y 7 tripulantes. Debido a un error de navegación se metió en espacio aéreo búlgaro el 27 de julio de 1955, al otro lado del Telón de Acero, en plena Guerra Fría. Un par de cazas MiG-15 subieron a por él. Como suele suceder en estos casos, hay dos versiones de lo que ocurrió a continuación; pero parece ser que el Constellation no obedeció las órdenes de los cazas, o no lo hizo a plena satisfacción de sus pilotos, y al final acabó derribado con fuego de ametralladora. También fallecieron todos sus ocupantes.

Misiles contra civiles.

Con la aparición de los misiles comenzaron los derribos de aviones comerciales sin comerlo ni beberlo. Los misiles es que son un poco bordes. No les mola eso de suicidarse sin llevarse a alguien por delante. Mientras puedan localizar un blanco, intentarán ir a por su gaznate. Y esto fue lo que le pasó el 30 de junio de 1962 al Aeroflot 902 de Jabárovsk a Moscú (URSS), un Tupolev Tu-104A inconfundiblemente civil. Se estrelló al Este de Krasnoyarsk con 84 personas a bordo, entre ellas 14 menores; no hubo supervivientes. Las Fuerzas Armadas Soviéticas reconocieron después con la boca chiquitina, chiquitina, que ignoraban dónde fue a parar un misil tierra-aire de largo alcance lanzado durante unas maniobras militares en el área.

Cosa parecida se rumorea que le ocurrió el 11 de septiembre de 1968 al vuelo 1611 de Air France, un Caravelle III que cayó al Mediterráneo mientras viajaba de Córcega a Niza. A bordo iba todo un general y héroe de guerra, René Cogny, junto a 94 personas más. Las 95 murieron. El informe final achacó la catástrofe a un incendio de origen desconocido. Sin embargo, a principios de esta década comenzaron a salir informaciones de que pudo ser derribado accidentalmente por un misil en pruebas de las Fuerzas Armadas Francesas. Con gran renuencia París reabrió el caso en 2012, pero sigue en un limbo judicial. No obstante, hoy en día todas las bases de datos de seguridad aérea lo consideran efectivamente abatido por un misil.

Por no extenderme hasta el agobio, nos limitaremos a comentar los derribos estrictamente civiles de los últimos cincuenta años con más de cincuenta ocupantes y una mayoría de ellos muertos. O sea, los gordos. Son los siguientes:

Libyan Arab Airlines 114, derribado por la Fuerza Aérea Israelí en territorio ocupado por Israel.

F-4 Phantom II israelí

El Libyan Arab Airlines 114 fue abatido por cazabombarderos israelíes F-4 Phantom II como el de la foto, actualmente convertido en monumento a la salida de la Escuela de Aviación Militar de Naot Lon, en Beerseba. Debido a la tensa relación entre Israel y los países árabes, sus pilotos decidieron desobedecer a los cazas Phantom, por lo que fueron derribados. Dieciocho años antes el avión de pasajeros israelí El Al 402 había hecho lo mismo sobre Bulgaria y resultó igualmente destruido por cazas MiG-15. Sin embargo, el Libyan 114 fue el último avión comercial derribado «a la antigua», con fuego de cañón ametrallador. Llegaba la era de los misiles. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Península del Sinaí (conquistada por Israel en aquellas fechas.)
  • Fecha/hora: 21 de febrero de 1973, poco después de las 14:00 hora local.
  • Aeronave: Boeing 727-224, matrícula 5A-DAH (Libia).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: TrípoliCairo vía Bengasi.
  • Contexto: Entre la Guerra de los Seis Días y la Guerra del Yom Kippur, con Israel y Egipto técnicamente en guerra; sin combates en ese momento, pero en alto estado de alerta.
  • Derribado por: 2 cazabombarderos F-4 Phantom II de fabricación estadounidense con sus cañones ametralladores, autorizados por David Elazar, comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel.
  • Detalles: Debido a una fuerte tormenta de arena que les dejó sin visibilidad y un error de navegación, el vuelo 114 de Libyan Arab Airlines penetró en espacio aéreo israelí desde Egipto sobre las 13:54 hora local. Sin saberlo, se dirigió además hacia la Central Nuclear de Dimona, el centro de producción de los materiales especiales para las armas atómicas israelís. Dos cazabombarderos F-4 Phantom II salieron a interceptarlo. Al igual que hiciera el El Al 402 de 1955 en Bulgaria, los pilotos del Libyan 114 decidieron ignorar sus instrucciones e intentar el regreso a Egipto. Los cazabombarderos israelís lo derribaron con fuego de cañón ametrallador. Gracias a un aterrizaje de emergencia in extremis hubo 5 supervivientes, incluyendo al copiloto, quien declaró que no habían obedecido las órdenes debido a la mala relación entre los países árabes e Israel. Fue el último gran derribo civil a la antigua, a balazos.
  • Resultado: Avión destruido, 108 personas muertas, 5 supervivientes. Sin consecuencias negativas para los autores. Finalmente, Israel indemnizó a las familias de las víctimas y Moshé Dayan calificó lo sucedido como «un error de juicio.»

Air Rhodesia 825, derribado por la guerrilla ZIPRA en Rodesia, hoy Zimbabue.

  • Lugar: Al Oeste de Karoi (entonces Rodesia, ahora Zimbabue)
  • Fecha/hora: 3 de septiembre de 1978, sobre las 17:00 hora local.
  • Aeronave: Vickers Viscount 782D, matrícula VP-WAS (colonias del Reino Unido).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: Victoria FallsSalisbury (hoy Harare) vía Kariba.
  • Contexto: Guerra del Matorral, un conflicto extremadamente brutal entre las mayorías negras y el gobierno y colonos blancos de Rodesia. La aerolínea de bandera Air Rhodesia estaba fuertemente identificada con el estado y la élite blanca.
  • Derribado por: Guerrilleros del ZIPRA con un misil antiaéreo portátil modelo Strela-2 (SA-7), de fabricación soviética.
  • Detalles: Cinco minutos después de despegar de Kariba, durante el ascenso, guerrilleros emboscados en el matorral dispararon un misil portátil de guía infrarroja Strela-2 contra el vuelo 825. Le alcanzó en el ala de estribor, causándole gravísimos daños y obligándole a realizar un aterrizaje forzoso en el que murieron 38 de los 56 ocupantes. Los guerrilleros mataron con armas automáticas a los 10 supervivientes que encontraron al llegar al lugar del impacto. Otros 8 lograron ocultarse o escapar. Fue el primer avión comercial derribado por un misil lanzado desde el hombro (MANPADS.)
  • Resultado: Avión destruido, 48 personas muertas, 8 supervivientes. El gobierno tomó represalias igualmente sangrientas, que condujeron, entre otras consecuencias, al siguiente caso:

Air Rhodesia 827, derribado por la guerrilla ZIPRA en Rodesia, hoy Zimbabue.

9K32 Strela-2 (SA-7) MANPADS

Aunque actualmente obsoleto para la mayoría de situaciones, el MANPADS soviético 9K32 «Strela-2» (en la imagen) ha sido «el Kalashnikov de los antiaéreos» en numerosos conflictos del mundo. Pertenece a la misma generación que los FIM-92 «Stinger» estadounidenses originales. Actualmente existen armas de este tipo mucho más modernas, como la Igla-S rusa, el Starstreak británico, las últimas versiones del Stinger o los nuevos modelos chinos. Todas estas armas se conocen genéricamente como MANPADS («man-portable air defense systems»). Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Área de Vuti (entonces Rodesia, ahora Zimbabue)
  • Fecha/hora: 12 de febrero de 1979, sobre las 17:00 hora local.
  • Aeronave: Vickers Viscount 748D, matrícula VP-YND (colonias del Reino Unido).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: KaribaSalisbury (hoy Harare.)
  • Contexto: Guerra del Matorral, tras feroces represalias a consecuencia del derribo anterior.
  • Derribado por: Guerrilleros del ZIPRA con otro misil antiaéreo portátil modelo Strela-2, de fabricación soviética.
  • Detalles: Era, básicamente, el mismo vuelo con otro avión. Mientras despegaba de Kariba, durante el ascenso, los guerrilleros le lanzaron un segundo misil portátil de guía infrarroja Strela-2. Esta vez, el avión atacado sufrió daños fatales y se estrelló sin más.
  • Resultado: Avión destruido, 59 personas muertas, sin supervivientes. Las guerrillas terminaron ganando el conflicto, así que los autores no sufrieron consecuencias por estos hechos.

Itavia 870, derribado por la OTAN en el Mar Tirreno, Mediterráneo.

  • Lugar: Mar Tirreno, frente a las costas italianas, cerca de Ustica.
  • Fecha/hora: 27 de junio de 1980, sobre las 21:00 hora local.
  • Aeronave: DC-9-15, matrícula I-TIGI (Italia).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: BoloniaPalermo.
  • Contexto: Unas oscuras operaciones de la OTAN en el Mar Mediterráneo, probablemente relacionadas con Libia.
  • Derribado por: La Armada Francesa, parte del componente naval de la OTAN en el sector, con un misil tiera-aire.
  • Detalles: Los detalles de este caso, cuidadosamente encubiertos durante décadas, son todavía muy turbios. El ex Presidente de Italia Francesco Cossiga (Democracia Cristiana, derecha) ha reconocido que el Itavia 870 fue destruido accidentalmente por un misil lanzado desde un buque de la Armada Francesa en el contexto de una operación de la OTAN destinada a asesinar al coronel Gadaffi (palabras textuales del ex Presidente Cossiga, citado por el Corriere della Sera.) Los tribunales italianos han condenado al estado a indemnizar a las familias por «no garantizar la seguridad del vuelo», a cargo del contribuyente. El derribo del Itavia 870 se considera relacionado con el incidente del MiG-23 de Castelsilano y con aspectos todavía secretos de la Operación Gladio.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 81 personas muertas, sin supervivientes. Jamás se ha establecido ninguna responsabilidad particular ni ha habido consecuencias para ninguna persona o entidad específica. El estado italiano terminó indemnizando a las familias de las víctimas décadas después.
Itavia 870.

Lo ocurrido al Itavia 870 fue uno de los grandes misterios de los «años del plomo» de la guerra sucia en Europa. Se estrelló en el Mar Mediterráneo el 27 de junio de 1980, con 81 personas a bordo. No fue hasta bien entrado el siglo XXI que las autoridades y la judicatura italianas reconocieron que había sido derribado por un misil de la Armada Francesa durante unas oscuras operaciones de la OTAN, probablemente contra Libia. El estado italiano terminó asumiendo las indemnizaciones. Nadie ha sido procesado por estos hechos. Imagen: W. Fischdick vía Wikimedia Commons.

Korean Air Lines 007, derribado por la Fuerza Aérea Soviética en aguas probablemente soviéticas.

Derribo soviético del Jumbo sudcoreano KAL 007.

Arriba a la izda.: muchos años después, el teniente coronel (ya retirado) de la Fuerza Aérea Soviética Gennady Osipovich explica cómo derribó al vuelo KAL007 en la madrugada del 1 de septiembre de 1983. En entrevistas posteriores ha afirmado «tener pesadillas» por lo sucedido, pero al mismo tiempo sigue convencido de que el Jumbo surcoreano había sido modificado para actuar como avión espía. Arriba a la dcha.: Un Boeing 747 Jumbo de Korean Air Lines similar al abatido. Abajo: Mapa del sector el 1 de septiembre de 1983. Pueden observarse las zonas sumamente críticas que había sobrevolado y se disponía a sobrevolar. Imágenes: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Cerca de la Isla Moneron, frente a las costas de Sajalín, URSS (actualmente Rusia.) Se discute si ocurrió exactamente dentro o fuera del espacio aeronaval soviético.
  • Fecha/hora: 1 de septiembre de 1983, 05:26 hora local.
  • Aeronave: Boeing 747-230B Jumbo, matrícula HL7442 (Corea del Sur).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Nueva YorkSeúl vía Anchorage (Alaska.)
  • Contexto: Momento extremadamente tenso de la Guerra Fría, que llegó a estar muy cerca de la guerra nuclear.
  • Derribado por: Grupo de cazas de combate de la Fuerza Aérea Soviética, y específicamente por un interceptor Sukhoi Su-15, con misiles aire-aire Kaliningrad K-8 (AA-3). El Su-15 estaba pilotado por el mayor (después teniente coronel) Gennady Osipovich, a las órdenes del general Anatoli Korkunov (báse aérea de Sokol), a su vez a las órdenes del general Valeri Kamensky (comandante de la defensa aérea del Distrito Militar del Lejano Este), bajo el mando de los generales Ivan Moiseevich Tretyak (comandante del Distrito Militar del Lejano Este) y Vladimir L. Grovov (comandante del Teatro de Operaciones del Lejano Este.)
  • Detalles: Al partir de Alaska, los pilotos del Jumbo sudcoreano configuraron erróneamente el modo de navegación del autopiloto. Por ello, volando de noche, el avión se desvió más de 300 km de su ruta sin que se diesen cuenta. Desafortunadamente, penetró en la Unión Soviética por un punto muy cercano a una de las dos bases principales de submarinos atómicos SSBN/PLARB. A continuación siguió avanzando hacia la región estratégica de Vladivostok, sede de la Flota del Pacífico. En el contexto de extrema tensión indicado anteriormente, la respuesta de la cadena de mando soviética ante esta «doble penetración» puede calificarse de histérica o cuanto menos paranoica, tremendamente agresiva. Aunque realizaron algunos intentos para identificar al intruso, y el mayor Osipovich asegura haberle hecho al menos dos advertencias distintas (en condiciones de muy mala visibilidad), el estado mental de todos los implicados evolucionó rápidamente hacia la decisión de abrir fuego antes de que abandonara el espacio aéreo de la URSS. Posteriormente, las autoridades soviéticas ocultaron diversos aspectos del derribo, hasta que Yeltsin abrió los archivos en 1993. De la grabación de la caja negra se deduce que los pilotos surcoreanos, entretenidos con una conversación privada, nunca fueron conscientes de nada de lo que ocurría a su alrededor y quedaron totalmente sorprendidos al constatar cómo perdían el control del avión debido al impacto de los misiles.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 269 personas muertas, sin supervivientes. Tanto el mayor Osipovich como sus superiores fueron premiados por sus acciones y el general Korkunov, en particular, terminaría siendo comandante de la Fuerza Aérea Rusa; falleció el pasado 1 de julio a los 72 años de edad. Korean Air Lines pagó la indemnización a las familias de las víctimas.

Tres derribos con misiles portátiles (1985-1987):

Iran Air 655, derribado por la Armada de los Estados Unidos en aguas iranís.

Centro de Información de Combate (Aegis) del USS Vincennes (CG-49).

El Centro de Información de Combate (Aegis) del USS Vincennes (CG-49), de la clase Ticonderoga, en 1988. Este fue el lugar exacto desde donde se derribó al vuelo Iran Air 655, que con 290 personas muertas fue el peor de la historia hasta el Malaysian 17 de esta semana pasada. Imagen: Armada de los Estados Unidos. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Estrecho de Ormuz, Golfo Pérsico, frente a la Isla de Queshm (Irán.)
  • Fecha/hora: 3 de julio de 1988, 10:24 hora local.
  • Aeronave: Airbus A300B2-203, matrícula EP-IBU (Irán).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Bandar AbbásDubai.
  • Contexto: Guerra Irán-Iraq, inmediatamente después de la Operación Praying Mantis, con Estados Unidos apoyando poco disimuladamente a Sadam Husein contra el Ayatolá Jomeini. Las fragatas norteamericanas USS Sides y USS Elmer Montgomery se encontraban en la zona, a poca distancia del crucero de misiles USS Vincennes de la clase Ticonderoga (con Aegis). Al menos el USS Vincennes había penetrado ilegalmente en aguas iraníes y acababa de librar un combate a tiros contra lanchas de este país. Por tanto, el estado de ánimo a bordo era de extrema alerta y agresividad.
  • Derribado por: 2 misiles superficie-aire SM-2MR disparados desde el crucero USS Vincennes de la Armada Estadounidense, siguiendo órdenes de su capitán William C. Rogers III, conocido por su elevada belicosidad personal (hasta el punto de que este buque sería luego apodado el Robocrucero, por Robocop.)
  • Detalles: Mientras el Iran Air 655 ascendía normalmente desde Bandar Abbás, fue detectado por el USS Vincennes, que acababa de entrar en combate contra lanchas iraníes. Pese a que el Airbus circulaba por una aerovía internacional establecida (Amber 59) e iba transmitiendo su squawk en modo III como de costumbre, el Centro de Información de Combate del buque lo catalogó como un F-14 Tomcat iraní disponiéndose a atacar. Intentaron ponerse en contacto varias veces con él, pero debido a diferencias en la lecturas de posición y velocidad, a los pilotos del Airbus no les pareció que se dirigieran a ellos y no contestaron. Inmediatamente, y pese a que el Airbus continuaba ascendiendo en línea recta (y no estabilizándose o descendiendo para atacar, ni intentando pasar desapercibido, que sería lo lógico) el capitán Rogers ordenó abatirlo.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 290 personas muertas, sin supervivientes. Los autores fueron condecorados y ascendidos con posterioridad. Estados Unidos pagó indemnizaciones a las familias de las víctimas, pero sin disculparse. Fue el peor caso de todos, por número de fallecidos, hasta esta semana pasada.

(Omito aquí el derribo del Tu-154 de Orbi Georgian en Abjasia, el 22 de septiembre de 1993, por tratarse en realidad de un transporte de tropas georgianas en avión comercial para la Guerra de Abjasia que se libraba en la región; estamos hablando de derribos de aeronaves estrictamente civiles desempeñando funciones estrictamente civiles. Pero cayeron los 132 que iban a bordo. Dado que la guerrilla abjasia ganó el conflicto, tampoco hubo persecución de los autores.)

Lionair 602, derribado por los Tigres de Liberación del Eelam Tamil en Sri Lanka (dudoso.)

  • Lugar: Frente a las Islas de Iranativu (Sri Lanka.)
  • Fecha: 29 de septiembre de 1998.
  • Aeronave: Antonov An-24RV, matrícula EW-46465 (Bielorrusia, en leasing).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: JaffnaColombo.
  • Contexto: Guerra civil de Sri Lanka. La guerrilla tamil acusaba a Lionair de cooperar extensivamente con las fuerzas armadas gubernamentales.
  • Derribado por: Dudoso. Probablemente, misiles ligeros de infantería (MANPADS) disparados por los Tigres de Liberación del Eelam Tamil.
  • Detalles: El avión se perdió en el mar diez minutos después de despegar de Jaffna. Los restos no aparecieron hasta 2012. Aparece en las bases de datos de seguridad aérea como abatido con misiles tierra-aire.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 55 personas muertas, sin supervivientes. Se desconoce la identidad exacta de los autores materiales.

Siberia Airlines 1812, derribado por la Defensa Aérea de Ucrania en el Mar Negro.

Misil de un sistema antiaéreo de largo alcance S-200 Vega, en Chequia.

Misil de un sistema antiaéreo de largo alcance S-200 Vega como el que derribó al Siberian 1812, en el Museo Técnico Militar Lešany (Chequia.) Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Mar Negro, ZEE de Rusia, 190 km al OSO de Sochi.
  • Fecha/hora: 4 de octubre de 2001, sobre las 13:45 hora local.
  • Aeronave: Tupolev Tu-154M, matrícula RA-85693 (Rusia).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Tel AvivNovosibirsk.
  • Contexto: Menos de 1 mes después de los atentados del 11-S. La Defensa Aérea de Ucrania estaba realizando maniobras militares con misiles tierra-aire de medio y largo alcance.
  • Derribado por: Misil de un sistema S-200 de la Defensa Aérea de Ucrania.
  • Detalles: La Defensa Aérea de Ucrania disparó un misil del sistema S-200 contra un blanco de maniobras desde el Cabo Onuk, Crimea. Sin embargo, este blanco había sido previamente abatido por un S-300 de la misma nacionalidad. Al no encontrar un objetivo, en vez de autodestruir el misil, el S-200 se reblocó automáticamente contra lo «siguiente que vio»: el Siberian 1812, alcanzándolo poco después.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 78 personas muertas, sin supervivientes. Al principio Ucrania negó los hechos y sólo pagó indemnizaciones ex gratia a los familiares. Finalmente lo reconoció, abonando indemnizaciones adicionales. No obstante, los tribunales ucranios siguen negándose a dar la razón a las familias y entidades demandantes. Se ignora si algún militar ucranio tuvo problemas a consecuencia de este suceso.

Entre estos, que son los gordos, ha habido una constante llovizna de otros más pequeños o de «civilidad» dudosa con los que no te voy a saturar, hasta sumar casi 2.000 muertos. Como puede verse, la práctica de derribar aviones de pasajeros cargados de civiles inocentes sin que haya consecuencias negativas para los autores, sino más bien todo lo contrario, está bien extendida y establecida desde mediados del siglo pasado. Y ahora, otro. :-( Que, si tiene alguna consecuencia, sólo será porque esta vez los autores podrían ser unos muertos de hambre.

Me gustaría agrupar todos estos casos en un pequeño esquema sistemático, para aclararnos un poco:

  • Derribos deliberados:
  1. Por voluntad expresa, al considerar a la aerolínea o sus ocupantes parte del enemigo o combatiente de facto: Air Rhodesia 825 (ZIPRA, 1978) y 827 (ZIPRA, 1979); los dos An-26 de Bakhtar Afghan (islamistas antisoviéticos, 1985 y 1987); el Fokker F-27 de Sudan Airways (ELPS, 1986); Lionair 602 (tamiles, 1998).
  2. Por voluntad expresa, al negarse la aeronave civil a obedecer órdenes: El Al 402 (Bulgaria, 1955); Libyan Arab Airlines 114 (Israel, 1973).
  3. Por confusión en la toma de decisiones y/o amenaza percibida del blanco, en un contexto de elevada tensión y hostilidad: Korean Air Lines 007 (URSS, 1983); Iran Air 655 (EEUU, 1988).
  4. Por causas aún secretas o no lo bastante conocidas: en parte, Itavia 870 (OTAN, 1980, en lo que hace a los motivos exactos de que hubiera misiles volando en el área.) Y aparte, está el extraño caso del Malév 240 (1975), que permanece bajo secreto de estado tanto de Hungría como de cualquier otro actor implicado (ver preguntas del eurodiputado Erik Meijer a la Comisión Europea sobre este suceso.)
  • Derribos por error:
  1. Por misiles perdidos que se blocaron o reblocaron contra el avión comercial: Aeroflot 902 (URSS, 1962); Air France 1611 (Francia, 1968); Itavia 870 (OTAN, 1980, en lo que respecta a la causa inmediata del derribo); Siberia Airlines 1812 (Ucrania, 2001).
  2. Por error simple de identificación, confundiéndolo con una aeronave enemiga:  Vuelo checo a Atenas (Grecia, 1948);

Bueno, y este rollo que te acabo de meter, ¿a qué viene? Pues viene a que estoy intentando encontrar algo de racionalidad a través de la asfixiante humareda de propaganda que venimos padeciendo desde que el Malaysian 17 se desplomó de los cielos; y ya que estoy, pues te lo ofrezco a ti también por si te sirve de algo.

Veamos: como es obvio, nadie derriba deliberadamente grandes aviones de pasajeros contra los que no tiene nada en particular por mera maldad o porque se le pone en la horcajadura. Incluso aunque seas muy, muy malo y muy, muy chulo, no lo haces sin un motivo mínimamente racional. La única alternativa es que estés francamente colocado, como la gente sin duda se suele colocar en las guerras, pero eso sólo funciona bien para violar y degollar, no para manejar equipo antiaéreo con éxito. De hecho, ya lo ves: no hemos encontrado ni un solo caso de alguien que abatió un avión comercial simplemente porque le salió de la anatomía habitual. Siempre hay un motivo, una razón, o al menos un método en la locura. En el caso del Malaysian 17, no hay ningún motivo obvio por el que Ucrania, Rusia o los rebeldes del Donetsk quisieran tumbar un avión de la otra punta del mundo, sin nada que ver en sus asuntos.

TELAR Buk M-1 capturado en el Donbass.

Una de las fotos que han circulado de TELAR («transporter-erector-launcher-radar») Buk-M1 en manos de las guerrillas de la Cuenca del Donets. Según algunas fuentes, podrían haber sido capturados en la base A1402 del 156º Regimiento de la Defensa Aérea Ucrania, sita junto al aeropuerto de Donetsk. En ausencia del resto de componentes del sistema Buk, un TELAR puede abrir fuego contra aeronaves en vuelo, pero con capacidades muy limitadas de discriminación, identificación y seguimiento. Imagen: supuestamente originada en cuentas de las redes sociales de Internet de los gerrilleros del Donbass.

Lo que nos conduce al derribo por error. Y, en este caso, aquí sí que hay mucho margen. Las armas que son capaces de atacar blancos más allá de lo que ve el ojo humano –eso que los anglos llaman beyond visual range (BVR)– son especialmente proclives a provocar este tipo de tragedias. Porque tú, el humano que tomas las decisiones, no ves realmente, no sabes realmente lo que estás atacando. Dependes de unos medios técnicos que pueden funcionar mejor o peor, que puedes dominar mejor o peor, que puedes interpretar mejor o peor. Y una vez le sueltas el bozal al misil, allá va.

Como consecuencia, los casos de fuego amigo se suceden sin parar. Esto del fuego amigo es como los goles en propia puerta, y viene ocurriendo desde que hay armas lanzables. Pero con la llegada de la artillería, de la aviación y de las armas BVR, se multiplicó hasta extremos de humor negro. En guerras recientes, las fuerzas occidentales –que tiran a saco de beyond visual range en todas sus formas– han tenido muchas más bajas por fuego amigo que por fuego enemigo. Me vienen ahora a la memoria varios casos, pero sobre todo dos que me llamaron especialmente la atención:

  1. El derribo de dos helicópteros Black Hawk sobre Iraq en 1994. Ni identificación amigo-enemigo ni leches en vinagre. Dos F-15 americanos tomaron a esos Black Hawks americanos cargados de tropas y personal por Hinds iraquíes, y les clavaron sendos misiles americanos AMRAAM y Sidewinder bajo la atenta –y lejana– mirada de un AWACS igualmente americano. Fue un día de esos en los que todo sale mal, con numerosas descoordinaciones y confusiones. No hubo un solo superviviente.
  2. Veinte años después, el pasado 9 de junio, un comando de fuerzas especiales estadounidenses pidió cobertura aérea contra unos talibanes que les estaban dando caña. Vino un bombardero supersónico pesado B-1B Lancer y voló estupendamente… al comando americano, pese a que contaban con toda clase de medios avanzados para comunicar su posición y la del enemigo. Me imagino la cara de los talibanes ante semejante espectáculo.

No son, ni muy de lejos, los dos únicos Hay decenas, cientos. Cuando no puedo ver lo que mato, es fácil que me cargue a alguien que no me quiero cargar. Si además hay civiles alrededor, jugando a la pelota en un callejón tercermundista o viendo pelis en sus sistemas de entretenimiento personal a bordo de un avión, es seguro que van a ocurrir tragedias. Ahora imagínate eso mismo en un confuso entorno de guerra irregular, con tropas irregulares de cualificación desconocida, medios técnicos limitados e incluso incompatibles, y ciegos de adrenalina como mínimo. Bueno, no, no necesitas imaginártelo. Es, en mi opinión, lo que acabamos de ver en el Donbass. Creo que, en esencia, estamos ante otro desastre de la guerra como este que ya te conté. Por lo demás, lo de siempre: el miedo, el odio, la codicia, la estupidez. Y sus mercaderes, los que se hacen de oro vendiendo todo eso. >:-(

Ah, sí, otra cosita: por supuesto, quien tiene que saber lo que ha pasado con el Malaysian 17 ya lo sabe. Las señales de estos sistemas se captan desde muy, muy lejos, sobre todo en una región tan exhaustivamente monitorizada por diversas potencias como es ahora esa. Si hoy en día quieres operar lanzamisiles guiados por radar sin que te tomen la matrícula y la talla del cuello, siempre puedes intentarlo por donde se perdió el otro Malaysian, a ver si hay suerte y no te pilla ningún satélite SIGINT. Otra cosa es lo que ya cada órbita de propaganda le quiera contar a su plebe, o sea tú y yo. O, al menos, yo.

Y… ¿se puede impedir?

Northrop Grumman Guardian

Componente del sistema de defensa Guardian contra misiles ligeros para aviones civiles, montado experimentalmente bajo un MD-11. Algunas aerolíneas de alto riesgo y aeronaves VIP utilizan esta clase de equipos, pero tienen muchas limitaciones (ver texto.) Imagen: Wikimedia Commons.

Poderse, se puede… un poco. Existen sistemas de contramedidas para aviones civiles como el Guardian, el CAMPS o el Flight Guard. Algunas VIPs de esas los llevan instalados en sus aviones particulares, así como ciertas compañías de riesgo particularmente alto, como las israelíes. Sin embargo, la mayor parte de estos equipos sólo te defienden de los misiles portátiles con guía infrarroja más básicos. Existen otras cosas de alta gama para auténticas VVIPs que, con suerte, podrían protegerte de algo como un Buk. Pero como tu incidente se parezca al del Iran Air 655, con una superpotencia lanzándote misiles pesados de alta tecnología, o te encuentres con cazas de combate modernos dispuestos a borrarte, todas estas contramedidas civiles hacen un escudo tan bueno como la tapa del retrete frente a una ametralladora.

Los grandes aviones de pasajeros tampoco pueden maniobrar como un caza de combate mientras aplican toda clase de contramedidas pasivas y activas. Ni volar siempre bajo la protección de una cúpula C4ISR, como sí hacen normalmente las fuerzas militares serias. Y resulta que los misiles modernos están concebidos para pelear contra fuerzas militares serias, con sus contramedidas, sus redes C4ISR, su supresión de defensas antiaéreas y demás. Los aviones civiles son eso, civiles, con medios civiles. Enfrentados a esta clase de misiles, es como si un civil cualquiera se ve metido en una pelea callejera con un comando spetsnaz listo para el combate. Las contramedidas diseñadas para aeronaves civiles mejoran tanto la situación como si en la susodicha bronca callejera fueses cinturón negro de algo, frente al mismo grupo spetsnaz con todo su arsenal. O sea, que estás frito igual.

Además son caras, y luego sale más caro aún mantenerlas actualizadas, porque constantemente salen sistemas antiaéreos nuevos, con guías mejores, capacidades distintas y mayor resistencia a las contramedidas. Exigiría que los fabricantes de aviones comerciales y las compañías aéreas se lanzasen a una carrera armamentística análoga a la de los militares, con costes parecidos. Costes que, por supuesto, repercutirían al instante en el precio de los pasajes. Y la aviación comercial, en estos momentos, no está para semejantes trotes.

En realidad, lo que pasa es eso, que somos civiles. Enfrentados a una fuerza militar que se dispone a matarnos, deliberadamente o por error, no tenemos ninguna oportunidad. Como suele decirse, en toda guerra están los buenos, los malos y el paisaje, y el que sale siempre peor parado es el paisaje. Los buenos y los malos son, por supuesto, los que decida tu Ministerio de la Verdad correspondiente y sus medios de comunicación: Eurasia, Eastasia, Oceanía, quien sea. El paisaje somos tú, yo y gente como la que viajaba en el Malaysian 17. O los otros inocentes que estaban/están debajo y que siguen muriendo hoy.

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Proliferación de armas de destrucción masiva

¿Qué son realmente las armas de destrucción masiva?
¿Cuántas hay? ¿Quién las tiene? ¿Qué pasa con su proliferación?

Gernika bombardeada.

El bombardeo de Gernika por la aviación nazifascista aliada de Franco, el 26 de abril de 1937, inspiró al arzobispo de Canterbury para acuñar la expresión "armas de destrucción masiva". Foto: Deutsches Bundesarchiv.

Ha sido uno de los clichés más determinantes en la política y la propaganda de esta primera década del siglo XXI: las llamadas armas de destrucción masiva y su posible proliferación a estados problemáticos o grupos terroristas se han convertido en una especie de mantra que vale para todo y lo justifica todo. Sin embargo, el asunto presenta muchos más matices y recovecos de lo que seguramente les gustaría a quienes utilizan esta expresión esperando que todo el mundo se obre encima de miedo y suplique salvapatrias. O salvamundos. Para empezar, ¿qué son realmente estas armas de destrucción masiva? ¿Cuántas hay? ¿Quién las tiene? ¿Y qué pasa exactamente con su proliferación?

Armas de destrucción masiva.

El primer uso documentado de la expresión armas de destrucción masiva corresponde al arzobispo anglicano de Canterbury y Primado de Inglaterra Cosmo Gordon, en 1937, refiriéndose al bombardeo nazifascista de la localidad vasca de Gernika y el inicio de la Segunda Guerra Sino-Japonesa:

¿Quién puede pensar en este momento, sin que el corazón se le enferme, sobre la masacre terrible, el sufrimiento, las múltiples miserias que la guerra ha llevado a España y a China? ¿Quién puede pensar sin horrorizarse sobre lo que significaría otra guerra generalizada, librada como sería con todas estas nuevas armas de destrucción masiva?

–»Llamamiento del arzobispo», The Times (Londres) 28 de diciembre de 1937, pág. 9.

Durante los años siguientes, armas de destrucción masiva continuaría siendo prácticamente sinónimo de bombardeo en alfombra. Esta táctica bélica, consistente en el lanzamiento de un gran número de bombas convencionales de aviación contra un área general para alcanzar uno o varios objetivos particulares, presenta ya la característica principal del concepto: una notoria desproporción entre la fuerza empleada y la entidad del objetivo militar declarado, con enormes daños colaterales y el añadido de un factor sociológico de terror y desmoralización entre los civiles considerados enemigos. Estaríamos, pues, ante una forma de terrorismo de estado a gran escala.

La catedral de Coventry tras el bombardeo.

La catedral de Coventry tras el bombardeo alemán del 14 de noviembre de 1940. Los graves daños sufridos por esta localidad británica acuñaron el término "coventrizar una ciudad"; la decisión nazi de bombardear así las ciudades aliadas durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial desencadenaría una represalia colosal, que se saldó con las inmensas tragedias de Hamburgo, Dresde, Tokio, Hiroshima o Nagasaki. La frase "armas de destrucción masiva" adquiría así un significado nuevo y aún más terrible.

Hasta casi finales de la Segunda Guerra Mundial, se mantendría esta identificación de las armas de destrucción masiva con el bombardeo estratégico mediante aviones o cohetes convencionales de distintos tipos. De hecho, las máximas expresiones de destrucción masiva en un acto bélico siguen siendo ataques de este tipo realizados durante este conflicto, fundamentalmente por las fuerzas aéreas de los Estados Unidos y el Reino Unido. El bombardeo incendiario de Tokio a manos de la aviación norteamericana, en la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, continúa siendo la mayor matanza concentrada de civiles en un solo acto destructivo de la historia de la humanidad: en torno a cien mil personas perecieron en menos de tres horas (cifra oficial: 83.000; según los bomberos de Tokio: 97.000), unas cuarenta o cincuenta mil resultaron heridas y un millón se quedaron sin casa.

Hamburgo bombardeada

Hamburgo tras los grandes bombardeos que sufrió. Foto: Imperial War Museum.

Nagasaki antes y después del ataque atómico.

Nagasaki antes (arriba) y después (abajo) del ataque atómico. Foto: United States Strategic Bombing Survey. (Clic para ampliar)

Como es sobradamente conocido, este conflicto terminó con otras dos grandes matanzas perpetradas por las fuerzas estadounidenses con un nuevo tipo de arma: los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, hasta el día de hoy el único uso de armamento nuclear en una guerra real. Aunque el número de víctimas inmediatas fue menor (entre otras cosas, porque se trataba de armas muy primitivas lanzadas sobre localidades más pequeñas), la cifra final por fallecimiento de heridos y enfermos resultó bastante mayor: entre 150.000 y 246.000 (de 90.000 a 166.000 en Hiroshima y de 60.000 a 80.000 en Nagasaki; aunque la bomba de Nagasaki era bastante más potente, se desvió hacia un área industrial, estalló más lejos del centro urbano y las colinas alrededor del río Urakami hicieron de escudo para zonas significativas de la ciudad). Las muertes instantáneas fueron de 70.000 a 80.000 personas en Hiroshima y de 40.000 a 70.000 en Nagasaki, civiles en su inmensa mayoría.

Sin embargo, la proporción de mortandad fue inmensamente mayor que en cualquier otro caso anterior. Durante la noche del gran bombardeo incendiario de Tokio, residían en la capital nipona unos seis millones de personas; aceptando la cifra de los bomberos (97.000 muertos), pereció el 1,61% de la población. En otros grandes bombardeos, las cifras fueron algo superiores: el 2% en Dresde (25.000 muertos de 1.250.000 habitantes: 645.000 de preguerra y unos 600.000 refugiados), el 3,3 % durante la Operación Gomorra contra Hamburgo (37.000 muertos de 1.130.000 habitantes) o el 4,2% en Kassel.

En el bombardeo atómico de Hiroshima fue aniquilado instantáneamente el 22% de la población y el 47% como resultado de los efectos secundarios (75.000 y 166.000, respectivamente, de 340.000-350.000 habitantes). Esto es, un orden de magnitud más que en los grandes bombardeos convencionales: entre once y veintitrés veces más que en Dresde, entre siete y catorce veces más que en Hamburgo. Aunque Nagasaki «salió peor» (desde el punto de vista de los atacantes), la mortandad instantánea fue del 15-28% y la total, del 30-32%. Todo ello, con bombas precarias llevadas a correprisas a la guerra.

Así se entiende fácilmente que el concepto arma de destrucción masiva pasó de ser sinónimo del bombardeo de alfombra a significar, en buena medida, «arma nuclear». Parece que los primeros en definir así esta nueva clase de bombas fueron los soviéticos, con la expresión оружие массового поражения (literalmente, «armas de destrucción masiva»), aunque en los Estados Unidos había comenzado a utilizarse también armas adaptables para la destrucción masiva. En 1947, Oppenheimer establecería definitivamente la expresión en Occidente. Hoy en día, las armas nucleares y termonucleares siguen considerándose los máximos representantes de este tipo de armamento.

Pero no los únicos. Generalmente se acepta que las armas químicas y biológicas forman también parte de este concepto, por su carácter incluso más indiscriminado y su capacidad de matar o herir a numerosas personas y otros seres vivos más allá de la supresión del objetivo militar declarado. Las armas químicas son sustancias tóxicas que se dispersan para envenenar al enemigo, mientras que las biológicas consisten en microorganismos causantes de enfermedades que buscan su incapacitación. Ambas se han utilizado desde tiempos remotos. El envenenamiento de las flechas, que puede considerarse un tipo de arma química, data de la Prehistoria; lanzar cadáveres en descomposición a las ciudades sitiadas, o enviar a víctimas de enfermedades infecciosas a territorio del oponente para provocarle epidemias, son técnicas militares que se vienen usando al menos desde los orígenes de la civilización.

Víctimas del bombardeo químico de Halabja.

El último gran ataque químico contra civiles fue perpetrado por las fuerzas iraquíes contra la población kurda de Halabja, el 16 de marzo de 1988, en el contexto de la guerra Irán-Iraq. Aunque en un principio se intentó echar la culpa a Irán, finalmente quedó determinado que había sido realizado por el Iraq de Saddam Hussein, entonces aliado de Occidente. Para la masacre, que causó 15.000 víctimas, se usó tecnología química estadounidense, alemana y de otros países. En la foto, un periodista iraní documenta la matanza.

Las armas químicas y biológicas se consideran habitualmente menos eficaces y destructivas que las armas nucleares, y más fáciles de contrarrestar con técnicas modernas. La vacunación, la cuarentena y el simple reparto de máscaras antigás a la población reduce enormemente sus efectos. Excepto por algunas armas biológicas muy especiales, su diseminación efectiva resulta más complicada de lo que parece y exige algo parecido a un gran bombardeo convencional para hacerlo a escala significativa; en este blog ya hablamos, por ejemplo, del «ántrax» y sus peculiaridades.

Se incluye también normalmente a las armas radiológicas o bombas sucias entre las de destrucción masiva. Hay quien las considera un tipo de arma nuclear, pero en realidad se parecen muchísimo más a un arma química, sólo que sustituyendo la sustancia tóxica por una sustancia radioactiva; en todo lo demás, no se diferencian gran cosa de las químicas y presentan ventajas e inconvenientes muy similares. Aunque es posible diseñar un tipo de arma nuclear-radiológica extremadamente aniquiladora, la llamada bomba del juicio final, no consta que se haya construido nunca una y requiere disponer primero de un arma atómica para hacerlo. Por el extremo contrario, una bomba atómica pobremente diseñada o construida que diera lugar a un chisporroteo de baja o mediana energía podría considerarse técnicamente un tipo de arma radiológica.

Otras personas discrepan de que las armas nucleares, químicas-radiológicas y biológicas sean las únicas de destrucción masiva, o incluso las más representativas. Señalan que su uso resulta excepcional, prácticamente inexistente, y su espectacularidad contribuye a disimular los mecanismos más habituales de muerte violenta en el mundo. Organizaciones como Oxfam Internacional, Amnistía Internacional o IANSA aducen por ejemplo que la humilde bala sirve para matar a quinientas mil personas al año: una Hiroshima cada cuatro meses. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, las minas antipersonales matan y amputan a entre 8.000 y 24.000 personas al año, la mayoría niños, con el mismo carácter indiscriminado y mayor crueldad que las armas de destrucción masiva más glamurosas.

Por su parte, la munición de racimo olvidada tras los conflictos tiene efectos parecidos. Recientemente, la Convención contra las Municiones de Racimo ha sido firmada por 105 países y ratificada por 47; por desgracia, entre estos no se encuentra ninguno de los principales fabricantes de armamento. Lo mismo sucede con el Tratado de Ottawa contra las minas antipersonales.

Armas nucleares en el mundo, 2010.

Armas nucleares en el mundo, 2010. Rusia: 12.000 (4.650 activas, de las cuales 2.600 son estratégicas). Estados Unidos: 9.600 (2.468 activas, de las cuales 1.968 son estratégicas). Francia: ~300 (todas activas). China: 240 (~180 activas). Reino Unido: 225 (menos de 160 activas). Israel: 80 (estimadas). Pakistán: 70-90 (estimadas). India: 60-80 (estimadas). Corea del Norte: menos de 10 (estimadas). Fuente de los datos: Federation of American Scientists. (Clic para ampliar)

Proliferación y reducción.

Al igual que el concepto arma de destrucción masiva es discutido, el de proliferación también tiene sus detractores debido a una variedad de motivos. El más común es que parece restringir el «derecho de posesión» a los países que ya disponen de ellas, poniendo el foco –y el rechazo– de la opinión pública sobre países pequeños y relativamente indefensos mientras lo aleja de los grandes y poderosos que disponen de miles de ellas muchísimo más avanzadas. Esto crearía estados de primera con privilegios especiales, estados de segunda con los que se tiene tolerancia y estados de tercera a los que echar a los perros, una discriminación notablemente injusta.

Esta discrepancia no carece de mérito, si bien resulta oportuno hacer algunas precisiones. Por un lado es cierto que, por ejemplo, el Tratado de No-Proliferación Nuclear de 1968 reconoce el derecho de posesión de armas nucleares a cinco países: Estados Unidos, Rusia (como estado sucesor de la Unión Soviética), el Reino Unido, Francia y la República Popular China. Así expresado, parece claramente una injusticia y sorprende que lo haya firmado todo el mundo menos Israel, India y Pakistán (más Corea del Norte, que lo denunció en 2003): ¿qué tienen estos países que no tengan otros?

Bueno: es que el Tratado de No-Proliferación no se consideraba un fin en sí mismo, sino un medio para comenzar el proceso de desarme nuclear en conjunción con otros convenios internacionales. Es, por expresarlo de algún modo, un acuerdo de contención temporal; algo así como «impidamos que sigan surgiendo potencias nucleares, para facilitar que quienes ya lo son reduzcan o incluso eliminen en el futuro sus arsenales». Sin duda resulta más imaginable el desarme nuclear en un mundo donde no hay amenazas atómicas por todas partes; además, poner de acuerdo a cinco es más fácil que poner de acuerdo a cincuenta.

No se puede olvidar que el Tratado de No-Proliferación se firmó durante los años más duros de la Guerra Fría. Habría sido poco realista esperar que los poseedores de armas nucleares renunciaran a ellas de la noche a la mañana. Sin embargo, funcionó, al menos en parte: inmediatamente a continuación vinieron los Acuerdos SALT (1969-1979) y el de Misiles Anti-Balísticos (1972), lo que después permitiría el de Misiles de Alcance Intermedio de 1987, los START I y II de 1991 y 1993, el SORT de 2003 o el nuevo START de 2010 (y la revisión de este mismo año al Tratado de No-Proliferación original). Así, hemos pasado de las 75.000 armas nucleares de la Guerra Fría a las 22.600 del presente (7.700 operacionales y el resto en almacenamiento). El nuevo START pretende reducir el número de cabezas estratégicas activas a la mitad. No es ninguna maravilla, pero probablemente resulta mejor que lo que había y difícilmente se habría logrado en un mundo con una proliferación generalizada.

Submunición estadounidense de dispersión biológica E120.

Submunición estadounidense de dispersión biológica E120, retirada del servicio a finales de los años '60. Los problemas de dispersión limitan significativamente la eficacia de las armas químicas y biológicas.

Más éxito parece estar teniendo la Convención de Armas Químicas de 1993, cuyo propósito es la erradicación completa de las mismas. Sólo quedan siete países que no hayan ratificado el tratado: Israel, Myanmar, Angola, Egipto, Corea del Norte, Somalia y Siria. El resto del mundo, incluyendo de forma muy significativa a los grandes poseedores (Estados Unidos y Rusia, con 31.500 y 40.000 toneladas respectivamente) participan en este proceso de desarme. Las sesenta y cinco fábricas de armas químicas letales declaradas han sido desactivadas; cuarenta y dos se han destruído y diecinueve se han reconvertido para uso civil; los arsenales existentes se están destruyendo a buen ritmo. Existen bastantes motivos para pensar que llegaremos a 2012 con una cantidad muy reducida de armamento químico en el mundo.

El estado del armamento biológico es más ambiguo. Si nos guiamos por las declaraciones públicas, nadie reconoce fabricarlo, nadie reconoce poseerlo y nadie lo ha usado en las últimas décadas. En ese sentido, la Convención de Armas Biológicas habría tenido un éxito notable. La pura verdad es que, salvo en algún periodo histórico, nunca fueron excesivamente populares; y con la llegada del arma nuclear, han ido quedando relegadas a un papel de arma de pobres. No obstante, existen motivos para sospechar que se mantienen activos al menos algunos programas de investigación defensiva que probablemente trasciendan los límites de la defensa (más detalles, sobre diversos países, en el artículo sobre el «ántrax»).

Una proliferación paralela a la de estas armas de destrucción masiva es la cada vez más ubicua presencia de misiles de largo alcance. A fin de cuentas, ningún arma sirve de gran cosa sin una manera eficaz de servírsela al enemigo; y en esta función, los misiles siguen sin tener rival. Son ya varios los países que disponen de un programa espacial y por tanto de misiles balísticos intercontinentales (ICBM/SLBM) con variado nivel tecnológico. Ya no sólo hablamos de Estados Unidos y Rusia (que los tienen de todos los sabores y capacidades), sino también del Reino Unido (con el Trident II del primo americano), China (DF-5 y DF-31, pronto los DF-41 y JL-2), Francia (M45, limitado a 6.000 km; se espera pronto el M51), Israel (Jericó III, aunque con algunas limitaciones), India (Agni V, también con limitaciones y restringido a 6.000 km) y probablemente Corea del Norte (Taepodong-2, si bien con severas limitaciones tecnológicas). El mundo de los MRBM (1.000 a 3.000 km de alcance) e IRBM (3.000 a 5.500) está mucho más poblado, e incluye también a Pakistán (Ghauri y Shaheen II) e Irán (Sajjil, Shahab 3 y Ashura). El Régimen de Control de Tecnologías Misilísticas y el Código de La Haya parecen estar teniendo algún efecto, pero no demasiado.

Camión lanzador del ICBM ruso Tópol-M.

Camión lanzador MZKT-79221 del ICBM ruso RT-2PM2 Tópol-M, durante el Desfile de la Victoria de 2010. (Nueva ventana o pestaña para ampliar)

Durante los últimos años ha llegado al público el debate sobre los misiles antimisil y muy ruidosamente sobre los distintos escudos propuestos sobre todo en los Estados Unidos (aunque la URSS y luego Rusia también tienen una larga experiencia al respecto). Ya he manifestado alguna vez en este blog mi hondo escepticismo ante tales sistemas de defensa de área extensa, los haga el yanqui, el ruso o el sursum corda: la espada es más poderosa y mucho más barata que el escudo; la espada elige el tiempo, el lugar y la sorpresa; la espada puede concentrar su fuerza en uno o varios puntos débiles mientras el escudo debe protegerlos a todos a la vez; el coste de una mejora tecnológica en la espada es muchas veces inferior al coste de mejorar el escudo para contrarrestarlo; siempre hay cosas que el escudo no puede parar, y una vez roto por un sitio, roto por todos. Es concebible que un escudo muy sofisticado pueda detener un número reducido de armas relativamente primitivas; pero no más.

Entre estas cosas que ningún escudo puede detener hoy por hoy, salvo que las pillaran por los pelos en la fase de despegue, se encuentra el pulso electromagnético de gran altitud o bomba del arco iris y los sistemas de bombardeo orbital fraccional de alcance global (FOBS); totalmente prohibidos, pero perfectamente disimulables en lanzadores espaciales y la solución obvia al problema planteado por un escudo antimisiles. Un satélite FOBS, que puede camuflarse como cualquier otra cosa, no tendría problemas significativos para soltar cabezas desde su órbita –incluso desde órbitas lejanas– por fuera del alcance de los radares del tipo BMEWS/PAVE PAWS/HEN HOUSE/Don/Daryal y lejos de la vista de los satélites DSP/Oko si el lanzamiento se produce con antelación al conflicto. No resulta evidente de qué manera podrían detectarse estas cabezas FOBS antes de que iniciaran la reentrada en la atmósfera terrestre o incluso antes de que hicieran impacto, ni cómo interceptarlas en caso de que opten por trayectorias remotas (y habría que ver cómo funcionan radares del tipo de AN-FPS-85 o GRAVES tras un ataque de pulso electromagnético o de oscurecimiento por ionización).

Proliferación a grupos particulares.

Cohete nuclear estadounidense M388 Davy Crockett.

Cohete nuclear estadounidense M388 Davy Crockett, con su lanzador. Contenía la cabeza nuclear W54, una de las más pequeñas que se han creado, usada también en la carga de demolición nuclear SADM (la "bomba en una maleta"). Con una potencia máxima de 20 tones, menos de la milésima parte que Nagasaki, se consideraba poco más que un arma radiológica. Algunas cabezas posteriores de tamaño similar elevaron la potencia a 0,6 kilotones. Existe el temor de que este tipo de armas miniaturizadas puedan caer en manos de grupos terroristas clandestinos.

El mantra propagandístico sobre los riesgos de la proliferación a que me refería al principio se ha orientado fundamentalmente contra la posibilidad de que esta clase de armas lleguen a estados problemáticos o grupos terroristas particulares. La probabilidad real de que una organización terrorista clandestina consiga u opere este tipo de armas, y especialmente armas nucleares, es muy baja por una diversidad de razones. La primera es que las armas nucleares, o las químico-biológicas avanzadas, evidentemente no están en venta. Las atómicas, además, incorporan sistemas criptográficos y otras medidas para impedir su uso indebido. Incluso aunque alguien consiguiera un arma nuclear aprovechando un colapso político como el que ocurrió en la URSS –y donde ninguna acabó fuera de su sitio; un día de estos te contaré cómo– o algún despiste como los que han tenido recientemente en los Estados Unidos, no podría usarla sin las correspondientes claves (si bien los misiles Minuteman norteamericanos tuvieron la clave 00000000 durante varios años y los británicos protegían sus bombas termonucleares WE.177 con cerrojos parecidos a los de las bicicletas).

Conseguir componentes de un arma nuclear para montársela uno mismo resulta muchísimo más difícil y exige disponer de especialistas experimentados más algunos instrumentos que no se pueden obtener con facilidad. Para un grupo clandestino, resolver la geometría del arma, asegurar la sincronía de inserción y mantener la seguridad físicanuclear para impedir que algunos materiales esenciales se echen a perder puede constituir un desafío imposible. Que no es como montar un mueble del IKEA, vaya. Si se quiere hacer pequeña y portable, menos aún. Por supuesto, es posible; pero muy improbable. En todo caso, nunca se ha encontrado un arma nuclear ni componentes sustanciales de las mismas en manos de un grupo terrorista particular.

En la práctica, la seguridad que rodea a las armas nucleares es excepcional. Hay incontables niveles de protección física, lógica y por la vía del espionaje para defenderlas. Si un tipo te propone comprarte una bomba atómica de las que cuidas en tu silo, lo más probable es que estés ante un agente provocador y la salida correcta es denunciarlo inmediatamente a tus superiores. Por otra parte, el tráfico de materiales nucleares militares es una actividad de alto riesgo y la probabilidad de que vivas el tiempo suficiente para disfrutar de tu dinero resulta próxima a cero. No esperes que nadie, en ningún lugar, haga muchas preguntas sobre lo que te pasó. Parafraseando a Vladimir Putin, «se hundió».

Atentado con gas sarín contra el metro de Tokio.

Los equipos de emergencia acuden al atentado con gas sarín contra el metro de Tokio, perpetrado por la secta apocalíptica Aum Shinrikyō el 20 de marzo de 1995. Es el ataque terrorista con armas no convencionales más grave de la historia: causó 13 muertes y unas mil personas resultaron afectadas en distintos grados.

Algunos grupos han utilizado ocasionalmente armas químicas, si bien a muy bajo nivel. Fue muy destacado el ataque con gas sarín contra el metro de Tokio perpetrado por la secta apocalíptica japonesa Aum Shinrikyō; el saldo de víctimas ascendió a trece muertos, cincuenta heridos graves y mil afectados leves, mucho menos de lo previsto en un caso así. La insurgencia iraquí ha hecho estallar varios camiones cargados con gas cloro en diversos atentados; aparentemente, el gas no provocó mucho más que diversas molestias y todos los muertos fueron causados por la detonación de los explosivos. En general, el uso de agentes químicos de la naturaleza y en la cantidad que puede manejar una organización terrorista clandestina es extremadamente ineficaz. En una utilización militar normal, suelen hacer falta bastantes toneladas bien dispersadas para producir algún efecto útil.

Cosa parecida sucede con el terrorismo biológico. Descontando el caso del ataque con carbunco de 2001 en los Estados Unidos, que ya hemos visto que tuvo un origen muy extraño, los dos únicos bioatentados que se recuerdan en épocas recientes bordean el ridículo. El primero de ellos también fue cosa de los chalados de Aum Shinrikyō: en junio de 1993 liberaron un aerosol de carbunco en Tokio, sin provocar ni una sola infección; militarizar las esporas resulta más complicado de lo que parece. El segundo ocurrió en Oregón en 1984, donde otros tarados –esta vez seguidores de Osho– lo intentaron contaminando con salmonella los buffets de ensaladas de diez restaurantes. Sí, así de cutre, y el efecto estuvo a la altura: aunque 751 personas contrajeron salmonelosis y hubo que ingresar a 45, ni una sola perdió la vida. Vamos, que poniendo a un lado lo de 2001, todos los daños causados por el temido y temible bioterrorismo se reducen a… unas cagaleras.

No obstante, aquí sí resulta prudente hacer alguna consideración adicional. Un grupo decidido, con algunos especialistas cualificados y recursos paraestatales –o paraempresariales, de una compañía mediana e incluso relativamente pequeña– podría diseñar y militarizar un arma biológica de manera relativamente sencilla a poco que contase con una buena cepa base. Evitaremos entrar en detalles, pero los materiales necesarios resultan relativamente sencillos de obtener y operar con un grado razonable de seguridad. Más complicado sería ponerlo todo en marcha sin levantar sospechas.

Una bomba sucia es fácil de construir mediante el sencillo procedimiento de envolver una carga explosiva en materiales radioactivos, por ejemplo basura nuclear o una fuente radiológica estilo Goiânia. Sin embargo, un arma así tendría un efecto predominantemente local, con el área de mayor peligrosidad reducida a unas decenas de metros; si nadie resulta herido por la explosión, sería bastante raro que llegara a ocasionar alguna muerte directa. Como mucho, algún cáncer con el paso de los años y muchísimas gracias.Vale, el efecto económico resultaría notable si por ejemplo estallara en un centro financiero importante, pero en unas semanas serían noticias antiguas.

Emblema oficial de la Information Awareness Office estadounidense.

Emblema oficial de la Information Awareness Office estadounidense. ¿Una broma orwelliana? No. Era real. Su alcance resultaba tan excesivo que fue públicamente cancelada en 2003, pero varios de sus proyectos siguen adelante por otras vías.

En suma: que en la inmensa mayoría de usos posibles para las organizaciones terroristas clandestinas, las armas de destrucción masiva son más bien armas de destrucción chiquitina. Para idear alguna situación en que uno de estos dispositivos causara por sí mismo más mal que –por ejemplo– un camión bomba bien cebado, hay que imaginar una trama un tanto novelesca. Esto no quiere decir que resulte imposible, claro: es bien sabido que la realidad, en ocasiones, supera a la ficción. Pero la vida en la clandestinidad ya es lo bastante complicada como para liarse con operaciones muy complejas e impredecibles; y salvo que a alguien le surja alguna ocasión de oro, la gente prefiere dejar las gollerías de destrucción masiva a los estados y concentrar sus recursos –siempre limitados– en algo barato y que mate mucho de forma bien comprobada y conocida. Eso son, exactamente, los explosivos convencionales. El vulgarísimo ANFO (básicamente, fertilizante nitrogenado y gasoil) se ha demostrado mucho más efectivo para las organizaciones ilegales que todas las armas de destrucción masiva del mundo; y si le pueden echar mano a un poco de ciclonita o cosa así para ponerle la guinda al petardo, ya tienen el día hecho. Y a las pruebas me remito: eso es lo que ocurre día sí, día no en este planeta viejo.

Por todo ello, las armas de destrucción masiva son temibles en manos de estados u organizaciones de similar poder, pero la probabilidad de que le sirvan de algo a un grupo clandestino es francamente reducida. Como fenómeno sociopolítico global, resulta de lo más intrigante observar cómo un gran número de países se están cargando una montaña de libertades en nombre de defendernos contra una amenaza… que nunca se ha plasmado de ninguna manera significativa. Es casi como subir los impuestos para montar un ejército que nos defienda de una invasión extraterrestre; cosa que tampoco resulta técnicamente imposible pero sin duda es poco probable. La verdad, suena a excusa o a paranoia para hacernos tragar con cosas que seguramente no tragaríamos sin ese miedo. Las armas de destrucción masiva fueron siempre armas de terror, incluso aunque no se utilizaran, y parece que siguen siéndolo en la actualidad. Aunque no de la manera que dicen.

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