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Verneshot: Entrevista al Dr. Jason P. Morgan

¿Y si a los dinos no los mató un meteorito? ¿Y si existiera otro fenómeno igualmente aniquilador acechando bajo nuestros pies?

Deposición de un Verneshot.

Ya lo damos por sentado: a los dinos y un montón de especies más se los cargó el meteorito. Para ser un pelín más técnicos, la extinción masiva del Cretácico-Paleogeno (hasta hace poco llamada del Cretácico-Terciario) fue iniciada o profundizada severamente por el impacto del mismo cuerpo celeste que pudo ocasionar el cráter de Chicxulub. Esta hipótesis planteada por Luis Álvarez y otros en 1980 comenzó siendo objeto de cierta sorna y bastante escepticismo para pasar a convertirse en la hipótesis por excelencia y, para mucha gente, el símbolo de lo que puede pasar si el cielo cae sobre nuestras cabezas.

Desde entonces, la idea de que los grandes impactos extraterrestres pueden jugar un papel fundamental en las extinciones se ha extendido a otras que van desde el Drias reciente hasta el Gran Morir. Investigadores como el paleontólogo David Raup han intentado vincular las cinco grandes extinciones del último medio millar de millones de años con impactos cósmicos. Al menos en lo que hace a la extinción del Cretácico-Paleogeno –la de los dinos–, la hipótesis de Álvarez es muy sólida y por eso constituye hoy el consenso científico generalizado. Sin embargo, no toda la Galia se ha rendido a los romanos. Aquí y allá, existen científicos que plantean alternativas y que ahora mismo son objeto del mismo escepticismo, cuando no sorna, que se encontraron Álvarez y compañía a principios de los ’80. Hablamos de científicos pata negra, no de los chalados habituales, ya me entiendes.

Dr Jason Phipps Morgan, profesor de Ciencias de la Tierra, U. Londres

El Dr. Jason P. Morgan de la Universidad de Londres, que ha tenido la santa paciencia de contestarme a todo lo que le quise preguntar sobre su hipótesis de los Verneshots. :-) Con mi agradecimiento.

Por ejemplo, hablamos del Dr. Jason Phipps Morgan (New London, Connecticut –EEUU–, 1959), profesor de Ciencias de la Tierra en la Royal Holloway de la Universidad de Londres. Anteriormente, enseñó Geofísica y Física Planetaria en el Instituto Scripps de Oceanografía en La Jolla, California; y fue también profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y en la Universidad Cornell, la de Carl Sagan o Richard Feynman. Además, entre 1999 y 2004 dirigió el Departamento de Geodinámica Marina del GEOMAR de la Universidad de Kiel, Alemania. Vaya, que cualquiera diría que el doctor Jason Morgan sabe un par de cositas sobre esta vieja Tierra y cómo funciona.

Al Dr. Jason Morgan no le gustan estas hipótesis del meteorito. Ve en ellas muchos cabos sueltos y demasiadas casualidades. En particular, la extraña coincidencia entre tales impactos y unas erupciones volcánicas aún mayores a las que llamamos inundaciones basálticas o traps. Porque parece haber una sincronía clara entre varias súper-extinciones y estas inundaciones basálticas. La de los dinos –Cretáceo-Paleogeno– coincide con las traps del Decán, en la actual India, hace 68-65 millones de años. La del Triásico-Jurásico, con la erupción de la Provincia Magmática del Atlántico Central (CAMP) hace 200 millones de años.  Y el Gran Morir, o sea la extinción súper-masiva del Pérmico-Triásico, ocurre exactamente al mismo tiempo –hace 250 millones de años– que las monumentales Escaleras Siberianas, una de las mayores inundaciones basálticas de todos los tiempos.

Que una de estas erupciones terrestres monumentales coincida con un impacto extraterrestre gigantesco ya es casualidad, ya. Que lo haga más de una comienza a parecer sospechoso. El Dr. Morgan, basándose en los trabajos del propio Luis Álvarez, estima que la probabilidad de que pase una vez es de aproximadamente 1/8: una mala tirada de dados. Pero la probabilidad de que ocurra dos veces es del 1/59, lo que ya va llamando la atención. La de que suceda tres veces se reduce a 1/454. Y la de que se dé cuatro veces cae a una entre más de 3.500, que ni el mejor tahúr podría vencer. O de algún modo el universo conspira para hacer coincidir semejantes catástrofes sin relación aparente entre sí, o aquí hay algo que no cuadra.

Pese a ello, las hipótesis cósmicas siguen siendo fuertes porque hay indicios fuertes de lo que parecen ser impactos brutales de origen extraterrestre en esos mismos periodos. No sólo es la famosa anomalía del iridio, considerado un metal extraterrestre a esas concentraciones, en el estrato de transición entre Cretácico y Paleogeno. Es también la presencia de microesferulitos y cuarzo chocado, nanodiamantes, fullerenos C60 y C70 conteniendo concentraciones anómalas de gases nobles, campos de tectitas y demás fenómenos convencionalmente vinculados a violentos impactos procedentes del espacio exterior. Y luego están los cráteres: nítidamente, Chicxulub para la del Cretácico-Paleogeno y, menos nítidamente (porque en algunos casos se van de varios millones de años), Manicouagan para la del Triásico-Jurásico, Alamo o Woodleigh para la del Devónico Tardío y en el caso del Gran Morir del Pérmico-Triásico… pues no está claro, pero se sugiere el Cráter de la Tierra de Wilkes (Antártida) como un posible candidato. Para explicar esta extraña sincronía entre impactos extraterrestres y erupciones terrestres hay quien postula que un gran impacto puede inducir graves alteraciones geológicas tanto en sus alrededores como en las antípodas; lo bastante como para iniciar procesos volcánicos a gran escala.

Correlación de las principales extinciones con diversos fenómenos geológicos.

Correlación de las principales extinciones con diversos fenómenos geológicos. Puede observarse que la gran mayoría coinciden con grandes inundaciones basálticas (provincias ígneas, «escaleras», «traps».) Por el contrario, la sincronía con aparentes impactos extraterrestres no es tan evidente. Imagen: de Morgan, J Phipps; Reston, T.J.; Ranero, C.R. (15 de enero 2004): «Contemporaneous mass extinctions, continental flood basalts, and ‘impact signals’: are mantle plume-induced lithospheric gas explosions the causal link?». Earth and Planetary Science Letters 217 (3–4): 263–284. DOI: 10.1016/S0012-821X(03)00602-2. (Clic para ampliar)

A todo esto le daba vueltas el Dr. Jason Morgan sin verlo nada claro hasta que se le ocurrió una idea: ¿y si los meteoritos en cuestión no procediesen del espacio exterior? Espera, espera: los meteoritos vienen del cosmos como todos sabemos, ¿no? ¿Qué tontería es esta?

Verneshot.

Una tontería con sentido: si hay una nítida sincronía entre varias extinciones importantes y estas erupciones basálticas; si además hay indicios fuertes de violentos impactos en los mismos periodos; pero la probabilidad de que ambas cosas coincidan en el tiempo es baja o muy baja… ¿qué tal si las erupciones provocasen los impactos? ¿Pero cómo sería eso posible?

Representación artística convencional de un Verneshot.

Representación artística convencional de un Verneshot, en el que un gigantesco fragmento de corteza terrestre sale propulsado en vuelo balístico para caer en algún otro punto de la Tierra de manera análoga a un gran meteorito. No obstante, el Dr. Morgan tiene algunas precisiones importantes que hacer al respecto, como veremos a continuación.

Pues mediante un mecanismo que el Dr. Jason Morgan ha bautizado como el Verneshot, o disparo de Verne, inspirándose en el cañón espacial que se inventó Julio Verne para su novela De la Tierra a la Luna. Básicamente sería un diatrema similar a las erupciones kimberlíticas que generan las minas de diamantes, pero a lo bestia. Muy a lo bestia.

¿Y esto de las erupciones kimberlíticas qué es? Básicamente, explosiones volcánicas súbitas originadas a entre dos y ocho kilómetros de profundidad que se expanden hacia arriba a velocidades supersónicas arrastrando todo el material que pillan por medio conforme el terreno circundante colapsa sobre sí mismo, produciendo como un cono o cucurucho de helado (o cañón de trabuco…) característico en el subsuelo. Las presiones que alcanzan son tan enormes que generan grandes cantidades de diamantes a partir del carbono implicado en el proceso. No otra cosa son las mayores minas diamantíferas del mundo: Yubileiny, Udáchnaya y Mir (Rusia); Argyle (Australia); Orapa (Botswana) y todas las demás.

Un Verneshot no es más que una erupción explosiva supersónica de estas, sólo que más profunda, grande y rápida. Y por tanto capaz de lanzar más material, más lejos. En un planeta como la Tierra, a miles de kilómetros de distancia. En uno más pequeño y con menos gravedad, como Marte, incluso podría entrar en órbita. El caso es que si parte de ese material sale despedido en forma de grandes bloques, o de fragmentos más pequeños pero concentrados en forma de chorros o algo parecido, allá donde atice va a provocar unos efectos muy similares a los de un meteorito de los gordos. Esta es una hipótesis elegante que explicaría la sincronía de los impactos aparentemente extraterrestres con las grandes erupciones basálticas, quizá capaces de ocasionar estos Verneshots.

Hay que decir que esta es, en estos momentos, una hipótesis absolutamente minoritaria. Después de su publicación en 2004, suscitó reacciones que van desde el tradicional «es una aproximación creativa a un problema real» del geólogo Paul Hoffman de Harvard hasta los más contundentes «no hay ni una sola prueba de ningún Verneshot» de Jan Smit (Universidad Libre de Amsterdam), pasando por la opinión del Dr. Philippe Claeys (Bruselas), sugiriendo que los indicios de impacto sólo son válidos para la extinción de los dinos y que en los demás casos «no necesitamos ninguna hipótesis mega-volcánica mística e indemostrable para resolver el problema.» Vamos, que la idea del Dr. Morgan cayó regular, por decirlo finamente.

Pero como aquí no nos asustamos de estas cosas, y además así es como avanza la ciencia, le he pedido directamente al Dr. Morgan que defienda su hipótesis para nosotros. Vamos, que ha sido tan amable de concederme una entrevista en exclusiva para la Pizarra de Yuri, y cuando digo amable, lo digo en serio, además de paciente. Más que nada porque le pillé en medio de la preparación de otro paper que se va a publicar próximamente donde sugiere que lo de Tunguska pudo ser un mini-Verneshot con presencia previa de luces de terremoto y, después, los efectos que le serían propios. Vamos allá:

Entrevista al Dr. Jason Phipps Morgan, proponente de los Verneshots.

Dr. Morgan, muchas gracias por su valioso tiempo. Cuéntenos: ¿qué es exactamente un Verneshot? ¿Dónde podemos encontrar uno?

No hay registro histórico de ningún Verneshot, pero tampoco de ninguna erupción de kimberlita. Un Verneshot es una erupción producida fundamentalmente por gases del carbono (CO2 + CO + menor cantidad de agua + gases del manto profundo asociados a las erupciones de kimberlita), básicamente sin magma líquido: sólo gas (y fragmentos rocosos, al igual que ocurre en las kimberlitas y otras erupciones explosivas generadas por vapor a menor profundidad.) La presión inicial de estos gases sería la propia de la exsolución del manto a 80 km de profundidad: unos 2,7 gigapascales. Es decir, una presión gaseosa 20 o 30 veces superior a la de los volcanes explosivos ocasionados por vapor, como Pinatubo, pero creo que similar a las presiones asociadas con las erupciones kimberlíticas.

Una erupción de kimberlita como las que formaron los grandes yacimientos diamantíferos que explotamos en la actualidad.

Una erupción de kimberlita como las que formaron los grandes yacimientos diamantíferos que explotamos en la actualidad. En estas erupciones, las presiones son lo bastante altas como para formar el diamante y los gases y el material salen propulsados a velocidades supersónicas hacia arriba. Después, las paredes colapsan y rellenan la chimenea, dejando sólo un cráter superficial visible. Un Verneshot no sería más que una erupción de kimberlita particularmente profunda y potente, con múltiples impactos secundarios a grandes distancias conforme el material retorna a la superficie y efectos severos sobre el clima global ocasionados por los gases expulsados. Imagen: © De Beers Diamond Trading Co.

Entonces, los Verneshots están estrechamente relacionados con las erupciones kimberlíticas, ¿correcto?

Sí, un Verneshot es básicamente una mega-kimberlita con tanto gas que no se conserva nada de magma kimberlítico. De hecho, en las kimberlitas, este «magma kimberlítico» característico ya es sólo una pequeña fracción del volumen de la chimenea.

Por cierto, ¿por qué tanto carbono?

Porque el CO2 forma una exsolución a la profundidad necesaria para crear una fase gaseosa estable en torno a los 2,7 gigapascales de presión (la presión «estática» a unos 80 km de profundidad.) El agua no produce una exsolución capaz de formar una fase de vapor análoga hasta alcanzar presiones mucho más bajas. Los materiales ricos en carbono se funden fácilmente bajo las condiciones del manto, así que en una pluma caliente que se eleva serán los primeros en fundirse (los que lo harán a más profundidad), creando magmas con una composición química del tipo de las kimberlitas o las carbonatitas. Conforme ese material fundido asciende por encima de los 80 km de profundidad, comienza a formar gases ricos en carbono.

¿Entiendo que la idea del Verneshot procede de la sorprendente coincidencia entre inundaciones basálticas continentales e impactos de meteoritos en el contexto de las grandes extinciones?

Eso es.

Y por ejemplo, podrían explicar también la capa de iridio en el estrato de la extinción del Cretácico-Paleogeno, ¿no?

Creo que sí. Los gases del manto profundo son ricos en azufre y crean fácilmente compuestos químicos con metales del grupo del platino como el iridio. En Isla Reunión hay depósitos de «gases de plumas del manto profundas» con las concentraciones de iridio más altas que se conocen en toda la Tierra. Esto podría representar una fracción volumétrica suficiente para formar una capa global de iridio como la de un impacto, dado que se emitiría más masa de gases del manto que la masa de un gran objeto extraterrestre, con una cantidad similar de iridio añadida a la superficie terrestre.

¿Qué más cosas explicarían?

La presencia de otras señales de «impacto» como una capa global de esferulitos y cuarzo chocado. El material propulsado al estallar el Verneshot inicial podría también generar impactos múltiples y cráteres de impacto. De hecho, una de las predicciones de mi hipótesis es que los grandes Verneshots deberían estar asociados con múltiples cráteres de impacto comparativamente pequeños.

¿Y qué no explicarían?

Cráteres del tamaño de Chicxulub al otro lado de la Tierra. La distancia máxima posible que puede recorrer el material proyectado por un Verneshot es de aproximadamente media Tierra.

La hipótesis de los Verneshots no disfruta de un consenso generalizado entre los expertos en Ciencias de la Tierra. Algunos opinan que es una aproximación interesante, otros la consideran un poco «en el límite», o incluso innecesaria para explicar las observaciones. Hay un par de papers afirmando que esta coincidencia entre inundaciones basálticas continentales e impactos extraterrestres no es tan rara. También hay quien defiende que los impactos de grandes meteoritos podrían ocasionar las grandes inundaciones basálticas. ¿Cómo ve el debate en este momento?

Me parece que es muy difícil proponer un mecanismo físico viable mediante el que un impacto [extraterrestre] pueda generar una pluma del manto persistente. Creo que tampoco ha propuesto nadie un mecanismo viable por el que pueda ocasionar una inundación basáltica en manto cratónico frío. Por ejemplo, algunas personas como Adrian Jones apuntan que un gran impacto podría crear un cráter de 30 km de profundidad, y que este cráter haría que el material que hay debajo se fundiese para formar una inundación basáltica. Sin embargo, en continentes estables, retirar 30 km de terreno (o sea, excavar un cráter de 30 km) no hará que el material que hay debajo se funda. Estará demasiado frío para fundirse, incluso aunque esté a ~1 gigapascal menos de presión de lo que estaba antes de que el cráter apartase los 30 km de corteza continental que tenía encima.

O sea que incluso un cráter de 30 km de profundidad [que alivie súbitamente toda esa presión sobre el material que hay debajo] no puede generar una inundación basáltica como la de las Escaleras Siberianas. El único mecanismo que parece plausible para lograr esto es una pluma del manto actuando sobre un rift. De hecho, las inundaciones basálticas son conocidas por generarse mediante un proceso lento de fusión parcial, donde aproximadamente el 10 – 25% del material se forma en equilibrio lento con el manto y va liberándose poco a poco, no como un proceso de fusión por impacto en la que toda la roca se fundiría instantáneamente con una composición totalmente distinta a la de las inundaciones basálticas.

Así que mi proposición es la siguiente: SI hay indicios de impacto coincidiendo en el tiempo con las mayores inundaciones basálticas y las grandes extinciones, entonces tengo la confianza de que algo parecido a los Verneshots debe existir. Si por el contrario no hay correlación entre indicios de impacto y extinciones masivas EXCEPTO Chicxulub, entonces no hay necesidad de algo como los Verneshots. Pero también estaríamos admitiendo que fueron las inundaciones basálticas continentales, y no los impactos [extraterrestres], las que ocasionaron casi todas las grandes extinciones del pasado.

¿Diría que está usted «batallando» contra los proponentes de la hipótesis del impacto extraterrestre? ;-)

El Dr. Jason P. Morgan sobrevuela Siberia en un helicóptero.

El Dr. Jason P. Morgan sobrevuela Siberia en un helicóptero, con rumbo a Tunguska. Foto: Rick Beyer.

Sí. Pero las batallas científicas suelen ser muy lentas. Ahora mismo, mantengo sin duda alguna un punto de vista minoritario en este tema, dado que la ciencia revisada por pares es MUY conservadora. Hemos hecho más trabajos al respecto desde entonces, pero ha sido muy difícil publicarlos e imposible conseguir financiación. [Pronto vamos a publicar] un paper sobre las pruebas que hemos recogido en dos minúsculas expediciones a Tunguska en 2008 y 2009, pagadas de nuestro bolsillo, con un equipo de filmación.

De hecho, intentamos minimizar deliberadamente los aspectos más «sensacionales» de nuestra hipótesis (…) porque hemos observado que los «revisores por pares» no se sienten muy cómodos con esta idea «imposible.» ¿Y por qué es imposible? Simplemente porque hay un consenso científico que dice que lo es. Ya te digo, la revisión por pares es un proceso muy conformista.

Y de hecho, por eso la ciencia funciona tan bien como lo hace. Normalmente el consenso científico se sustenta en cotejar las hipótesis con las observaciones. Una vez establecido, un consenso es muy difícil de cambiar. La «hipótesis del impacto extraterrestre» causando las grandes extinciones se consideraba una locura hasta que Álvarez mostró los indicios de iridio que, en su opinión, no podían originarse en procesos de la corteza terrestre. (…) Ahora, la «hipótesis del impacto extraterrestre» es el conocimiento convencional, «claramente evidente» en muchos impactos de la Tierra y la Luna, e ideas como los Verneshot caen en la categoría de locuras. Pero ahí están esas extrañas coincidencias entre inundaciones basálticas continentales, «indicios de impacto» y extinciones masivas que la hipótesis estándar del impacto extraterrestre no pueden explicar.

Pues vamos a mojarnos todavía más. ;-) ¿Cómo ocurriría un Verneshot? ¿Dónde, cuándo?

Se desarrollaría en un lugar como Tunguska: un grueso cratón, al principio de un proceso de rifting continental. Hoy en día, sólo Siberia, África o Norteamérica (¿rift de Río Grande?) podrían reunir estas condiciones.

¿Habría «alerta temprana» de alguna clase, o sería más bien un caso de «¡últimas noticias: un gran trozo de la corteza terrestre está balístico ahora mismo!»? ¿O simplemente formaría parte de una lentísima inundación basáltica medida en tiempos geológicos?

No habría mucho preaviso. Quizá muchos pequeños terremotos a 80 km de profundidad asociados con el inicio de la ruptura de la litosfera. En numerosas erupciones volcánicas explosivas suelen producirse muchos terremotos pequeños antes del fallo catastrófico final. Estos terremotos y enjambres de terremotos son relativamente fáciles de detectar si hay una red local de sismómetros en el área. El problema con las erupciones volcánicas explosivas «normales» es que muchas veces se producen enjambres de terremotos sin que luego ocurra una erupción. En todo caso, si en un cratón apareciera súbitamente una zona con muchos terremotos de poca intensidad a profundidades en el rango de los 80 km, eso sería, para mí, una señal de que una erupción de kimberlita o un Verneshot podrían estar a punto de ocurrir.

Las rocas eyectadas serían más bien un «chorro» de fragmentos, no una única pieza. Estaríamos hablando de una masa rocosa de unos 80 km de altitud por 500 metros de diámetro en el caso de un gran Verneshot, o sea más o menos 16 km3 de material, esencialmente procedente del manto.

¿Pero ocurriría siempre en el contexto de una inundación basáltica?

Quizá no. Y los «mini-Verneshot» más pequeños como el que creo que ocurrió en Tunguska no parecen estar asociados con ningún indicio de inundaciones basálticas.

Mecanismo de acción que podría generar aparentes "indicios de impacto" terrestres mediante un Verneshot.

Mecanismo de acción propuesto por Morgan et al. que podría generar aparentes «indicios de impacto» terrestres mediante un Verneshot. (a) El CO2 se acumula y calienta bajo la litosfera cratónica por la acción de una pluma del manto ascendente. (b) El material de la pluma fluye lateralmente y hacia arriba hasta acumularse bajo la zona más delgada de la litosfera, fundiéndose para formar la primera inundación basáltica. Mientras tanto, la pluma sigue añadiendo CO2, incubando el Verneshot en la litosfera cratónica profunda y desplazando magmas preexistentes ricos en carbono hasta aproximadamente 80 km de profundidad: el umbral de 2,5 GPa para la exsolución del CO2 a partir del magma rico en carbono. Así sigue aumentando la presión bajo la litosfera cratónica. (c) El fallo catastrófico de la litosfera dispara el Verneshot. Los gases emitidos, ricos en azufre y carbono, pueden iniciar una extinción. Tras el Verneshot, la región alrededor de la chimenea así formada tiene una presión muy baja con respecto a la litosfera circundante; el colapso de abajo arriba de este agujero casi vertical puede progagarse hacia la superficie a velocidades hipersónicas. Este «frente de colapso» hipersónico sería capaz de crear y propulsar minerales chocados en forma de grandes chorros de material. Tomado de: Morgan, J Phipps; Reston, T.J.; Ranero, C.R. (15 de enero 2004): «Contemporaneous mass extinctions, continental flood basalts, and ‘impact signals’: are mantle plume-induced lithospheric gas explosions the causal link?». Earth and Planetary Science Letters 217 (3–4): 263–284. DOI: 10.1016/S0012-821X(03)00602-2. (Clic para ampliar)

Así que podemos tener «mini-Verneshots…»

Sí, en mi opinión el suceso de Tunguska de 1908 pudo ser un mini-Verneshot que ocurrió en el mismo lugar que el Verneshot original (y, de hecho, reutilizó la chimenea original, que sería ahora una especie de «válvula de seguridad» o «conducto débil» en la litosfera siberiana.)

¿Y «súper-Verneshots»?  ;-)

Esto es difícil de imaginar. Estimé que un Verneshot de escala análoga a Chicxulub liberaría una energía mecánica de 5 x 1020 julios, equivalente a un terremoto de magnitud 11, unas 20 veces más que el mayor terremoto histórico conocido. Pero, para ponerlo en perspectiva, si la energía sísmica decae a razón de 1/distancia2, «se sentiría» sólo como el terremoto de Chile de 2010 a 4,5 veces la distancia del epicentro. Seguiría siendo un suceso de alcance local. Lo mismo con la onda de choque. La explosión principal del Krakatoa, con una energía aproximada de 1018 julios, se oyó a distancias de 5.000 km y causó problemas auditivos graves a marinos que se encontraban a 60 km. Un gran Verneshot con una liberación de energía de 5 x 1020 julios sería 500 veces más fuerte que la explosión del Krakatoa, creando una onda de choque que literalmente se oiría en todo el mundo. (La intensidad de la onda de choque decae sólo a razón de 1/distancia porque viaja como una onda por la capa inferior de la atmósfera, así que a una distancia de 60 x 500 = 30.000 km tendría un efecto similar al que la onda de choque del Krakatoa produjo a 60 km.)

¿Qué aspecto tendría un Verneshot «grande» mientras está sucediendo?

Como una gran explosión volcánica, quizá con un chorro de fragmentos elevándose de tierra en una gran nube de gas caliente propulsada a lo alto de la atmósfera, donde inmediatamente empezaría a formar nubes de polvo y cristales de hielo.

Puede que el lugar de la explosión siguiera emitiendo gases durante un tiempo, pero la pluma principal seguramente desaparecería tras la erupción inicial. Podría producirse una serie de erupciones, la primera creando el canal a través de la litosfera y las siguientes reutilizándolo conforme las regiones más profundas se relajen tras la emisión inicial de CO2 con la primera detonación.

¿Sería un fenómeno súbito, digamos como una explosión nuclear con un «súper-hongo», o algo más progresivo?

Creo que la primera detonación sería la mayor: la que formaría la chimenea del Verneshot desde los aproximadamente 80 km de profundidad hasta la superficie. Pero podría haber detonaciones posteriores con expulsiones de gas a más presión que ninguna erupción volcánica explosiva conocida, dado que la presión del gas es entre 10 y 40 veces superior (al originarse a profundidades de 80 km en vez de los 2 a 8 habituales.) El gas se habría expandido entre 10 y 40 veces más al alcanzar la superficie. Sí, definitivamente imagino que la primera erupción sería como una explosión nuclear, excepto que el gas saldría despedido verticalmente mientras se expande en todas direcciones. Una columna ardiente de 60 a 100 km de altitud sería un auténtico pilar de fuego…

Y si pudiésemos sobrevolarlo a continuación, ¿qué veríamos?

Un agujero muy hondo. La chimenea volcánica colapsaría de inmediato, en cuanto saliese el gas, pero quedaría un gran agujero que se llenaría rápidamente de agua y después se erosionaría y rellenaría a lo largo de cientos de miles de años (como parece haber pasado con las chimeneas kimberlíticas y otros diatremas explosivos.)

¿Resultaría aniquilada el área circundante? ¿O, dado que el material y la energía viajan sobre todo hacia arriba, sólo sufrirían un terremoto «convencional»? ¿Alguna estimación de daños?

Sería exactamente igual que si hubiese habido un gran impacto [extraterrestre], o un terremoto mayor que ninguno de los que constan en la historia humana (presenté una comparación en el paper de 2004.) La energía alrededor del Verneshot decaería aproximadamente a razón inversa de la distancia durante los primeros 80-100 km, y a razón inversa del cuadrado de la distancia a partir de ahí. Pero la zona del Verneshot en sí misma, descontando el área afectada por la onda de choque inicial, no resultaría destruida a escala regional.

¿Hasta dónde podrían llegar los fragmentos propulsados por el Verneshot antes de caer a tierra otra vez? ¿Tiene alguna estimación sobre velocidad, apogeo de la trayectoria balística y energía de impacto? ¿Estamos hablando de rocas de cientos de metros cayendo aquí y allá o más bien de una «granizada» de objetos más pequeños?

Un cálculo rápido sugiere que podría llegar a ser posible que el material eyectado acabase en cualquier punto de la Tierra, aunque esto sería mucho más probable en un planeta de menor gravedad como Marte. En la práctica, cabe esperar una eyección de menor energía, con distancias de vuelo en el rango de los miles de kilómetros (no 20.000 km.) Pero los fragmentos chocados de menor tamaño y los microesferulitos fundidos y mezclados con el gas que saldrían despedidos a la atmósfera superior podrían recorrer el mundo entero antes de posarse, así que estos «indicios de impacto» tendrían una distribución global.

Si las partículas son pequeñas, la atmósfera las frenará muy deprisa. Por el contrario, una nube o «perdigonazo» tendrá un efecto similar al de un único objeto de gran tamaño al impactar contra el suelo. Creo que tenderá a haber uno o varios «chorros» de material que recorrerán las mayores distancias. Si un «chorro» «perfora» un orificio temporal en la atmósfera, favorecerá que más material circule por ahí. Pero las partículas a menor velocidad no llegarán tan lejos y podrían producir algo como «sendas» de tectitas a lo largo de la dirección del chorro.

Así que sí, una «granizada» a lo largo de la ruta de cada chorro, con la posibilidad de bloques concentrados que viajen juntos desde la detonación hasta la reentrada en las regiones más densas de la atmósfera y el impacto final contra el suelo. No veo ningún motivo por el que se tuviera que formar un único cráter a consecuencia de un Verneshot, porque incluso un «chorro» bien enfocado tendería a ser más disperso que el típico meteorito. Sería más sencillo tener muchos cráteres de menor tamaño asociados con un único Verneshot, con un diámetro de unos pocos kilómetros y el potencial de conservarse en el registro geológico si se formara en regiones marinas donde se esté produciendo sedimentación. He leído algún informe anecdótico sobre pequeños cráteres en el Mar del Norte que podrían coincidir en el tiempo con la extinción del Cretácico-Paleogeno.

Me lo estoy imaginando como una especie de gigantesca «palmera» de fuegos artificiales…

Podría ser.

La colosal erupción explosiva del Monte Pinatubo (Filipinas, 1991, VEI-8.)

La colosal erupción explosiva del Monte Pinatubo (Filipinas, 1991, VEI-6) es minúscula en comparación con otras que han ocurrido a lo largo de la historia de la Tierra, y sería casi ridícula en comparación con un Verneshot. Imagen: Wikimedia Commons.

¿Qué clase de daños producirían estas «granizadas» al caer? ¿Hablamos de ciudades arrasadas por estos «perdigonazos» o más bien de una «lluvia de piedras»?

Dependería de lo concentradas que llegasen. Si se limita a «llover piedras» no sería tan grave en términos de daños en tierra. Pero masas de material más concentradas golpearían el suelo como un meteorito de tamaño similar… y a velocidades similares. Probablemente estas piedras estarían también «al rojo vivo» o parcialmente fundidas.

Bien, entiendo que un Verneshot podría ocasionar o ser parte de una extinción masiva. ¿Podría explicarnos sus efectos globales «inmediatos»?

Los gases añadidos repentinamente a la atmósfera superior –gases sulfúricos, dióxido de carbono y vapor de agua hasta la estratosfera– provocarían efectos climáticos severos hasta que la química atmosférica restableciese el equilibrio. En los primeros años, los gases ricos en azufre impedirían que parte de la luz solar llegara a la superficie y la atmósfera interior, dando lugar a un súbito pulso de enfriamiento global y lluvia ácida. Esto conduciría a algo mucho más drástico que las «noches blancas» asociadas con el suceso de Tunguska de 1908 o los meses de puestas de sol espectaculares asociadas a la erupción del Krakatoa. Probablemente le costaría años disiparse… varios años seguidos muy fríos hasta que estos gases sulfúricos lloviesen de vuelta a la superficie.

Pero después, el CO2 añadido a la atmósfera ocasionaría un periodo de intenso calentamiento global de uno o varios milenios de duración, con el riesgo adicional de que se produjera una fuerte estratificación y anoxia oceánica superficial global muy peligrosa para la vida, hasta que los niveles de CO2 atmosféricos vuelvan a la «normalidad» para ese periodo.

¿Un solo Verneshot o varios consecutivos?

No hay ningún motivo por el que una inundación basáltica continental no pueda vincularse con varios Verneshots, separados unos 100.000 años entre sí.

Arriésguese: ;-) Sugiérame un par de sitios en Europa o América donde podría ocurrir un Verneshot.

En Europa, me pregunto si los «famosos» cráteres de Ries y Steinheim al Sur de Alemania son en realidad un Verneshot que ocurrió hace unos 15 millones de años. Pero ahora mismo el vulcanismo de la pluma Eifel se encuentra en el rift de las fosas tectónicas del Rin, así que cabría esperar un vulcanismo menos explosivo, si bien con alguna posibilidad de impactos locales en Europa; Europa del Norte en particular.

En Norteamérica, apostaría por algún lugar próximo a la intersección entre el rift de Río Grande, el cratón de Wyoming y Yellowstone.

Hmmm… se me ha venido a la cabeza la zona entre el cratón del Atlántico Norte y el rift de la margen oriental de Groenlandia…

Podría ser, pero en la época de las inundaciones basálticas de Groenlandia, no ahora. :-)

¿Tengo entendido que han encontrado ustedes «indicios de Verneshot» bajo las traps del Decán, o incluso en el área de Tunguska?

Lo curioso de las traps del Decán es que hay «indicios de impacto» dentro de los estratos inferiores. [No debajo.] Esto implica que la inundación basáltica ya estaba sucediendo cuando se produjo el «impacto.» Tunguska presenta evidencias de un impacto mayor ocurrido allí hace unos 250 millones de años, contemporáneo con la formación de las Escaleras Siberianas.

 (Al finalizar esta entrevista, el Dr. Jason Morgan me suministró ese nuevo paper sobre sus observaciones en Tunguska aceptado para próxima publicación en Earth and Planetary Science Letters. Por si te interesa, la referencia es: Paola Vannucchi; Jason P Morgan; Damiano Della Lunga; Chris Andronicos; William J Morgan (2014): «Direct evidence of ancient shock metamorphism at the site of the 1908 Tunguska event.»)

Bibliografía:

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Charlando sobre la ciencia española y otras cosillas con el presidente del CSIC (entrevista)

 «[…] uno sólo tiene que fijarse en […] qué situación están los países que han apostado por la ciencia desde siempre, y en cuál están los que no. La ciencia se traduce en progreso. Nada de lo que tenemos ahora se ha producido sin un avance científico, sin un avance del conocimiento. […] Una sociedad de progreso significa también una sociedad más igualitaria, y la ciencia ayuda a eso. Si perdemos eso, pues estamos simplemente dejando el progreso y toda la sociedad en manos de otros. Nuestro destino estará en manos de otros. […]»

–Rafael Rodrigo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Para mí, hablar de ciencia en España tiene siempre un regusto agridulce. Tengo la sensación de asistir eternamente a la historia de lo que pudo ser y no fue. Y, como ya supondrás, sustento la opinión de que una parte significativa de nuestro atraso secular y nuestros problemas actuales está estrechísimamente emparentada con la falta de ciencia en España, y de todo lo que acompaña a la ciencia y la Razón Ilustrada. Según veo yo las cosas, el «¡que inventen ellos!» ha sido tan malo como el «¡vivan las cadenas!», y entre ambos explican una parte notable de por qué estamos como estamos. Y, me temo, estaremos. Una maldición que también sufren, en buena medida, nuestros hermanos de Latinoamérica.

Rafael Rodrigo, astrofísico y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Clic para ampliar)

Rafael Rodrigo, astrofísico y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Por eso, siempre me agrada conversar con personas que saben mucha más ciencia que yo y que además están en los lugares donde se mueven las cosas. Si encima tienen una visión más optimista, ni te cuento. Este es el caso del doctor Rafael Rodrigo, astrofísico y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que ha tenido la amabilidad de pararse a conversar con la Pizarra de Yuri sobre la ciencia española y todo lo que le quise plantear. Considéralo mi manera de celebrar la Fiesta Nacional.

Rafael nació en Granada en 1953, es licenciado en matemáticas, doctor en física e investigador en astrofísica. Vinculado al CSIC desde 1975, ha sido premiado por sus colaboraciones en la NASA y la Agencia Espacial Europea. Fue coordinador del Área Científico-Técnica de Física y Tecnologías Físicas del CSIC, gestor del Programa Nacional del Espacio y de Astronomía y Astrofísica, vicepresidente de Organización y Relaciones Institucionales del organismo y en 2008 llegó a la presidencia, que viene ejerciendo desde entonces.

Oye, Rafael, ¿cómo es el día a día de un presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que suena así como muy rimbombante?

(Ríe) El día suele ser largo. Largo y cargado. Si estoy en el despacho, continuamente hay visitas o reuniones de trabajo; y si estoy fuera, es todavía peor y cuando vuelvo todavía se ha acumulado más trabajo.

Pero también es muy variado. El Consejo es una institución multidisciplinar, y no sólo por las disciplinas científicas sino también por las relaciones con los distintos estamentos sociales. Eso significa que lo mismo a las diez de la mañana estás hablando con alguien de microelectrónica, como pasas a un tema de filosofía media hora más tarde, o de relación con la comunidad autónoma una hora más tarde… Eso agota mucho pero, afortunadamente, tengo un buen equipo de trabajo alrededor y eso es lo que te permite afrontar los días. Si no, sería imposible.

Tú entraste de presidente del CSIC en 2008, hace ya más de tres años. ¿Qué te proponías al acceder a la presidencia?

Bueno, yo venía antes de la vicepresidencia, con lo que ya conocía la dirección del CSIC. El trabajo de un vicepresidente es distinto del de un presidente, pero la propuesta que teníamos en aquel momento era hacer una transformación de la figura de organismo autónomo a la figura de agencia estatal. Y eso es lo que hemos hecho en la estructura de la organización del CSIC en estos años.

La verdad es que estos años han coincidido con los de la crisis económica, han sido años duros, y eso significa que no hemos podido llevar esa transformación hasta los últimos niveles. En realidad lo que queríamos era ganar más agilidad y más competencia, porque la investigación no puede estar sometida a un corsé estricto de la Administración General del Estado, sino que tiene que ser un poco más ágil.

Para los que nos perdemos un poco en cuestiones institucionales, ¿cuál es la diferencia entre un organismo y una agencia estatal?

El buque de investigaciones oceanográficas Hespérides, operado por la Armada Española y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Clic para ampliar)

El buque de investigaciones oceanográficas Hespérides, operado por la Armada Española y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Clic para ampliar)

La agencia estatal supone en principio que podías tener más autonomía, más flexibilidad, más agilidad en la gestión. Digamos que además tienes más autonomía política, en cierto sentido, y más autonomía de gestión. Y te gestionas de una manera diferente, por cumplimiento de objetivos y un poco más parecido a una empresa que a un organismo público normal. Seguimos siendo un organismo público de investigación, pero con un estatuto y un estatus diferente.

¿Hemos conseguido todo eso? ¡Pues no! Pero hemos colocado al CSIC en una posición diferente, dispuesta a seguir la carrera para conseguir todo lo que permite nuestro estatuto y la ley de agencias estatales, que en definitiva es autonomía en gestión y flexibilidad en la misma.

A mí, a los que dirigís este tipo de instituciones, me gusta preguntaros… imagínate, Rafael, que mágicamente te aparecen mil millones en el presupuesto. ¿Qué sería lo primero que harías?

¡Tengo que echarle mucha imaginación…! No habría que gastarlos alocadamente. Tenemos un plan estratégico a cuatro años, eso es parte de ser una agencia estatal; los demás organismos no suelen tener un plan estratégico a medio o largo plazo. Y evidentemente tenemos programada una serie de actividades, algunas de las cuales no hemos podido realizar por falta de fondos económicos.

Así pues, tendríamos que utilizarlos en esa estrategia que tenemos diseñada. Pero dentro de esa estrategia, hay dos puntos siempre fundamentales: uno es los recursos humanos y otro las infraestructuras o equipamientos. Los dos tienen que ir de la mano para que una institución pueda ser fuerte y apoyar a sus investigadores, de tal modo que puedan ser muy competitivos. Los investigadores pueden ser muy competitivos pero si no tienen el equipamiento y las plataformas tecnológicas correctas, perderán competitividad con el tiempo.

Gran parte de ese dinero debería dedicarse a elevar el nivel de excelencia en el equipamiento. Pero el equipamiento sin personas es inútil; por lo tanto, también tendríamos que recuperar al personal ya formado, y ser capaces de atraer talento internacional que se incorporara a nuestros grupos de investigación.

O sea que las dos cosas que haría, y no de forma inmediata sino bien pensadas y analizadas en nuestro plan estratégico, sería en recursos humanos y equipamiento.

Manifestación de jóvenes investigadores cientificos. Foto: Gabriel Pecot / Público.

Manifestación de jóvenes investigadores cientificos en 2009. Foto: Gabriel Pecot / Público.

Hablando de esto… tú sabes que toda la juventud investigadora española se queja amargamente, y esto no viene de la crisis sino ya de mucho antes, de la extrema precariedad en la que trabajan. Muchos de ellos se van al extranjero en busca de pastos más verdes, y esto ya era así en la época de las vacas gordas. ¿Por qué?

Vamos a ver, yo creo que hay que distinguir. El hecho de irse al extranjero no es un «castigo», es parte de la formación de un investigador joven. Cuando uno termina su tesis doctoral en un instituto de investigación o en un grupo, lo importante para él no es seguir bajo las alas o el cobijo del mismo grupo o instituto que le ha ayudado a conseguir la tesis doctoral; sino empezar una carrera un poco más independiente. Eso significa que debe salir de ese amparo, a otros institutos de investigación. Normalmente esto se hace en el extranjero, aunque se puede ir a otros institutos de España porque ya los hay tan buenos como fuera. Eso es parte del proceso de formación.

El problema viene muchas veces en el vacío existente entre que acabas la tesis y consigues un contrato fuera. Ese vacío es el que conlleva la precariedad, básicamente.

Existe otro problema. Dependiendo de tu disciplina, la formación no acaba cuando acabas la tesis sino que hay que seguir formándose de manera muy especializada. Eso puede durar algunos años en los que estás fuera, y uno espera que después uno pueda tener alternativas en su propio país, para poder volver. Pero nuestro sistema no es tan rico. Entonces, la vuelta se complica más.

Muchos años hemos sido capaces no sólo de recuperar a esta gente que estaba formándose fuera, sino de incorporar a nuevos talentos que nunca habían tenido nada que ver con nuestra institución, fueran españoles o de otras nacionalidades. Pero eso exige recursos económicos. Sin ellos, tu capacidad de incorporación o reincorporación disminuye.

Desde siempre, la carrera científica ha sido una carrera de obstáculos. Pero debería ser una carrera de obstáculos científicos, no burocráticos o de conseguir contratos. Por eso esta carrera siempre se ha considerado tremendamente difícil: no sólo por lo competitiva que es sino por los obstáculos adicionales que el sistema le pone.

Mira, Rafael, yo soy muy crítico con el estado de la ciencia española. Soy consciente de que se han hecho avances, pero… ¿por qué nadie ha conseguido que la ciencia española despunte en el mundo?

En ciencia no se puede despuntar en todas las disciplinas, nadie es bueno en todo. Yo creo que la ciencia española sí tiene ahora mismo nichos donde se está a muy alto nivel. Aunque, entre otras cosas, despunta y está a muy alto nivel pero luego hay que mantenerlo; y ese es un problema de este país, que no se mantienen normalmente unas inversiones y una confianza en la ciencia durante mucho tiempo, de manera continuada.

El Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universidad Autónoma de Barcelona, perteneciente al CSIC. (Clic para ampliar)

El Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universidad Autónoma de Barcelona, perteneciente al CSIC. (Clic para ampliar)

Eso no pasa en otros países. También es verdad que no tenemos mucha tradición. ¿Cuántos años tenemos de tradición científica moderna en España… podemos decir treinta, e incluso es exagerar un poco? Comparado con los siglos que llevan otros países de nuestro entorno, hace que nos cueste un poco más de trabajo. Pero, sin embargo, estamos en la línea. Yo creo que se está en el mismo tren. A lo mejor no en el primer vagón en todas las disciplinas, pero sí a un buen nivel.

De hecho, yo suelo decir que la sociedad no conoce que estamos a tan buen nivel en algunas disciplinas. Pero, ahora mismo…

Alégrame el día: ponme algunos ejemplos.

Pues mira, yo creo que en ingeniería química se está a un altísimo nivel, y también en inmunología. En física de altas energías se está a un magnífico nivel, y en ciencias del espacio, astrofísica. Se es plenamente competitivo, se compite con los mejores del mundo.

No sólo eso: los mejores del mundo compiten con nosotros. Nuestros laboratorios están atrayendo entre un 30 y un 40% de talentos europeos: alemanes, franceses, italianos, ingleses… yo creo que estamos siendo un foco de atención.

Si eso no se mantiene económicamente, pues está claro que es muy difícil llegar arriba y muy fácil bajar rápidamente. Y España no se ha caracterizado por mantener su inversión en ciencia, por lo que no llega todavía al nivel de los países con los que queremos competir, con los que estamos compitiendo. Entonces, esto se hace muy difícil.

El hecho de que España haya llegado a ser la novena potencia científica en número de publicaciones, y también en calidad en algunas disciplinas, demuestra que ha habido un esfuerzo no sólo por parte del gobierno y de la sociedad española, sino también por parte de los científicos.

No somos los mejores en todo, pero somos muy buenos en muchas cosas.

El otro día, un chaval de diez años me preguntó: «¿Por qué no hay naves espaciales españolas?»

(Ríe) Vamos a ver, pero es que tampoco hay inglesas o… hay muy poquitas [naciones capaces de hacer eso por sí solas]. España está integrada en la Agencia Espacial Europea y viene a ser el quinto país [de la Agencia] en capacidad no sólo científica y tecnológica, sino también económica.

El Nanosat-1B del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) fue lanzado por un cohete Dnepr desde el Cosmódromo de Baikonur, el 29 de julio de 2009. Con apenas 22 kg de peso, contiene tres experimentos científicos y permite la comunicación entre España, las bases científicas españolas en la Antártida y el buque Hespérides.

El Nanosat-1B del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) fue lanzado por un cohete Dnepr desde el Cosmódromo de Baikonur, el 29 de julio de 2009. Con apenas 22 kg de peso, contiene tres experimentos científicos y permite la comunicación entre España, las instalaciones científicas españolas en la Antártida y el buque Hespérides.

España es, digámoslo así, «el pequeño de los grandes y el grande de los pequeños.» Y claro, no tiene una Agencia Espacial Española, y por tanto no tiene naves espaciales. Pero sí participa en todas las misiones espaciales europeas, y eso es importante. Además, la participación ha ido creciendo todos los años, en cantidad y en calidad. Antes se hacían paquetes de hardware, paquetes de trabajo que tenían menos dificultad tecnológica. Pero cada vez se busca más a las empresas españolas y a los grupos de investigación para realizar las tareas más difíciles de las naves espaciales.

Además, hay excepciones. El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, por ejemplo, sí ha lanzado un minisatélite y un par de nanosatélites. Es decir, que sí que hay naves espaciales españolas. Pero la verdad es que, cuando quieres hacer una gran nave, no la hace un solo país. De hecho, las grandes misiones espaciales se hacen en colaboración entre varias agencias… casi ningún país, por sí solo, es capaz de hacer una gran misión espacial. Necesita el concurso de industrias multinacionales, de grupos internacionales… es mi campo de trabajo y sé que los equipos suelen ser muy internacionales. La internacionalidad de la ciencia, para nosotros, es como el pan nuestro de cada día.

Hablando de la industria… tampoco vemos, aquí en España, grandes industrias científico-tecnológicas. Hablo de cosas como Siemens, General Electric, Intel… no tenemos de eso.

No. Es verdad. El tejido empresarial español está constituido en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas, que yo incluso definiría como «pequeñas y pequeñísimas». Su tamaño es tan reducido que, obviamente, la inmensa mayoría de estas empresas no pueden tener una dedicación fundamental a la I+D. Y de las grandes empresas, muchas de ellas son multinacionales y hacen la investigación en su matriz.

Sin embargo, hay honrosas excepciones. Por ejemplo, antes me preguntabas en qué éramos buenos, y también somos buenos en el sector energético. No sólo en la investigación, sino también en nuestras empresas. Ahí hay una buena alianza entre empresas, organismos públicos y universidades que está dando sus frutos; una alianza que se ha dado de manera natural y que ahora, desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, se está intentando incentivar más.

También ocurre que los españoles somos terriblemente críticos con nosotros mismos. Siempre vemos que el de al lado es mucho mejor que nosotros, y eso no es siempre así. Ha cambiado, ha cambiado.

Pues hombre… por ejemplo, antes me has comentado una cosa, que efectivamente yo he oído en el extranjero: se dice que invertir en ciencia y tecnología españolas es muy complicado, porque con cada cambio de gobierno, del signo que sea, se produce un cambio de prioridades e incluso de favoritos. Con ello, se arrasa lo hecho anteriormente, se empiezan cosas nuevas, y no hay una continuidad. ¿Tienen razón?

En parte. Buscamos que las instituciones científicas sean lo más independientes posible, en el sentido de que mantengan una continuidad con independencia del color del gobierno.

La verdad es que tampoco todos los gobiernos hacen borrón y cuenta nueva; los Planes Nacionales de Ciencia cubren, normalmente, varias legislaturas. Eso quiere decir que aunque no haya un pacto por la ciencia firmado (que, desde mi punto de vista, debería haberlo: un pacto de estado), se mantiene una continuidad no en los presupuestos, pero sí en las ideas. Esa continuidad se mantiene no por los gobiernos, pero sí por las instituciones.

Yo he tenido la oportunidad de reunirme con todos los ex-presidentes del CSIC y siempre hay matices y cambios cuando viene un nuevo equipo de presidencia, pero sí que hay una continuidad en la política general del propio CSIC. La ciencia no puede dar bandazos. Puede dar bandazos lo que está alrededor suyo, pero la ciencia no lo hace.

Oye, otra cosa que me suelen preguntar por ahí fuera: ¿qué demonios es la i minúscula?

De izda. a dcha., el presidente del CSIC Rafael Rodrigo junto a los ex presidentes Elías Fereres, José María Mato, César Nombela, Emilio Lora-Tamayo, Alejandro Nieto y José Elguero. Foto: Comunicación CSIC. (Clic para ampliar)

De izda. a dcha., el presidente del CSIC Rafael Rodrigo junto a los ex presidentes Elías Fereres, José María Mato, César Nombela, Emilio Lora-Tamayo, Alejandro Nieto y José Elguero. Foto: Comunicación CSIC. (Clic para ampliar)

(Ríe) Vamos a ver, yo creo que ahora ya no te la harán, porque también en Europa se está hablando mucho de innovación. En el entorno anglosajón nunca se ha hablado de I+D+i, siempre se ha hablado de  R&D, research and development (I+D) y la «i» no existía. Es una parte que corresponde mucho más al sector privado que al sector público y en general al sector productivo.

Yo creo que la I+D+i no significa que todo lo que se investigue tenga que tener luego un desarrollo, un proceso innovador. Pero sí es verdad que los procesos de innovación basados en resultados científicos suelen ser más duraderos y más correctos. En España se ha hablado de I+D+i, no como un trinomio que tenga que ser una suma obligatoria, sino como un elemento que añade algo más a la ciencia.

La ciencia no sólo consiste en hacer una buena investigación y avanzar el conocimiento, sino en ser capaces de transmitir ese conocimiento al sector productivo. Es el sector productivo el que hace la «i».

Por cierto, ¿cuál es el porcentaje de inversión privada en I+D (o en I+D+i)?

En España, muy poquito. Muy por debajo de los países de nuestro entorno. Debe estar en el 0,5% del PIB. Es decir, que incluso es menor que la inversión pública. Este es uno de los grandes déficits de este país. Mientras que en el resto de países, al menos aquellos con los que queremos competir o a los que nos queremos parecer, la inversión privada supera a la inversión pública en I+D… en España no es así. Eso hay que invertirlo.

Pero eso es fruto de nuestro sistema de industria, de pequeña y mediana empresa, que mencionábamos antes. Es tremendamente difícil, a menos que haya colaboraciones de otros tipos. Yo creo que los centros tecnológicos han ayudado ahí, sin duda, a que las empresas puedan aunar esfuerzos para hacer I+D. No individualmente, pero sí en colaboración entre ellas y con los organismos públicos y universidades.

Hay que organizar el sistema de otra manera. Mientras el sector privado no dé el do de pecho en I+D, por mucho que haga el sector público, siempre se quedará cojo.

Ese es uno de los problemas que muchos planteamos. Tenemos una generación de gente que sale muy formada, pero que luego tiene estas condiciones de precariedad de las que hablábamos, y que después, cuando quiere salir al mercado, resulta que en España no hay capacidad de absorber a un gran número de estas personas….

Eso es cierto, y ese es uno de los grandes problemas de nuestro país. Yo creo que ahora mismo tenemos la mejor generación de jóvenes, formada como jamás en España… y sin embargo, a muchos de ellos no los estamos aprovechando. Es decir, ha sido una inversión que en definitiva están aprovechando mucho más otras empresas, otros países, porque se están yendo fuera.

El Centro de Investigación del Cáncer, del CSIC, en Salamanca. Foto: DICYT. (Clic para ampliar)

El Centro de Investigación del Cáncer, del CSIC, en Salamanca. Foto: DICYT. (Clic para ampliar)

El problema de aquí vuelve a ser el mismo. Por ejemplo, en el caso del CSIC, no todo el mundo que hace su tesis en el CSIC se queda en el CSIC. Ni tiene por qué quedarse: eso sería pura endogamia y tampoco estaríamos dispuestos a aceptarla. Pero si no se queda en el CSIC, tiene un entorno muy reducido para poder buscar un puesto de trabajo en España.

También es verdad que la industria española no reconoce, o no le da el valor adecuado a (por ejemplo) la titulación de doctor. Para nosotros, un doctorado significa que es una persona que ha afrontado un problema y ha sabido resolverlo. Puede enfrentarse a otros problemas y resolverlos; está más capacitado. Sin embargo, aquí prácticamente no se considera. Eso no pasa en Alemania, eso no pasa en Francia. Y no pasa porque hay empresas, industrias que invierten en I+D y saben el valor de una persona con una formación adicional.

¿Qué pasa, si aquí no la hay? Pues, evidentemente, que nuestro entorno es más débil. ¿Vamos a dejar de formar a la gente para que pueda contribuir a nuestro país? No. Lo que debemos hacer es fortalecer nuestro sistema público y privado para que esta gente, bien formada aquí y fuera, pueda tener un puesto de trabajo aquí. En definitiva, generar esa «nueva economía del conocimiento.»

Rafael, en medio de una gran crisis como la que estamos viviendo, y se dice por ahí que incluso podría empeorar en los próximos meses o años… dime por qué es una pésima idea recortar, precisamente, en ciencia. Dímelo tú.

No soy el mas indicado, porque soy parte. Pero uno sólo tiene que fijarse en lo que han hecho los demás países, y dónde están. En qué situación están los que han apostado por la ciencia desde siempre, y en cuál están los que no.

La ciencia se traduce en progreso. Nada de lo que tenemos ahora se ha producido sin un avance científico, sin un avance del conocimiento. Uno no puede pretender que la ciencia tenga una aplicación inmediatamente, pero es obvio que si no se avanza en el conocimiento, si no se sacan nuevos adelantos… no habrá nuevas tecnologías, no habrá nuevos desarrollos y no habrá una sociedad de progreso. Una sociedad de progreso significa también una sociedad más igualitaria, y la ciencia ayuda a eso.

Logotipo de la campaña "La ciencia española no necesita tijeras", contra los recortes en ciencia y tecnología. (Clic para ampliar)

Logotipo de la campaña "La ciencia española no necesita tijeras", contra los recortes en I+D. (Clic para ampliar)

Entonces, si perdemos eso, pues estamos simplemente dejando el progreso y toda la sociedad en manos de otros. Nuestro destino estará en manos de otros. Si eso es lo que queremos, bueno, pues aceptémoslo. ¡O no!

En un país que ha sido históricamente un erial en materia científica, donde la ciencia no ocupa el lenguaje de la calle, y con esa historia que tenemos, que pesa un montón… en un país como España, ¿cuál debería ser el papel de la comunicación social de la ciencia, de la divulgación científica?

Es fundamental. Si estamos hablando del papel de la ciencia en la sociedad, lo primero que debemos hacer es comunicarle a la sociedad qué es la ciencia y cómo de útil es para ella. Yo soy un tremendo valedor de la divulgación científica. De hecho, parte de nuestras estructuras están abocadas precisamente a la comunicación social de la ciencia.

Yo creo que el CSIC ha sido, me voy a permitir el lujo de decirlo, un modelo en la participación de la cultura científica del país. Muchas veces hablamos de cultura y pensamos en otros tipos de cultura, pero la ciencia es parte de nuestra cultura y mientras no lo asumamos así, iremos mal.

Nos falta tradición. Y lo que tenemos que hacer es seguir empeñados en comunicar a la sociedad qué es lo que hacen los científicos. Que no lo hacen todo bien, evidentemente. Pero gracias a los científicos se tiene el nivel de progreso que se tiene. La ciencia moderna no ha existido siempre. Hace dos o tres siglos, no tenía la metodología adecuada para servir a la sociedad como ahora. Hoy sí.

Y yo creo, además, que la divulgación y todas las personas que la hacéis y que intentáis ayudar a que la ciencia y la sociedad permeen mucho más… habéis hecho una gran labor. Y se nota. Se nota en muchas cosas. Se nota, por ejemplo, en la percepción social de la ciencia. Cuando una encuesta reciente preguntaba «¿qué profesiones estima usted más?», o «¿en quién tiene más confianza?», la primera, con diferencia, eran los científicos. Denota que algo está cambiando en España.

Los cambios siempre son difíciles. Hay que ser muy concienzudo, y muy continuista en la idea. También es verdad que en España no se tiene la tradición y los científicos han estado a veces encerrados en su torre de marfil, un poco separados. Eso creó una imagen negativa. Yo creo que esa imagen ya no se tiene ahora, con la cantidad de actividades que muchos científicos realizamos para llegar a la sociedad.

En definitiva, no estamos sino cumpliendo una obligación. Nosotros hacemos ciencia porque la sociedad quiere que hagamos ciencia y nos paga con sus impuestos. Debemos devolverles no sólo bienestar, sino también conocimiento.

52 años sin un Nobel científico. O, poniéndonos estrictos, 105. ¿Para cuándo 3 ó 4 premios Nobel científicos en España?

El Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina (1959), obtuvo el galardón como ciudadano norteamericano mientras se hallaba exiliado en los Estados Unidos. La última vez que la medalla de oro con la efigie de Alfred Nobel viajó directamente a España para premiar a un científico fue en 1906 (Dr. Santiago Ramón y Cajal), hace la friolera de 105 años.

El Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina (1959), obtuvo el galardón como ciudadano norteamericano mientras se hallaba exiliado en los Estados Unidos por causa de las persecuciones franquistas. La última vez que la medalla de oro con la efigie de Alfred Nobel viajó directamente a España para premiar a un científico fue en 1906 (Medicina, Dr. Santiago Ramón y Cajal), hace la friolera de 105 años. Nunca hemos obtenido un Nobel en Física o Química.

Yo creo que nos falta muy poco. No nos faltan los grupos o los científicos, que yo creo que esos están a un nivel que [el Premio Nobel] podría llegar en cualquier momento en muchas disciplinas, sinceramente. En lo que se refiere a excelencia, pienso que estamos ya a un nivel en que podría suceder, pero también podría suceder en Italia u otros sitios. No hay que obsesionarse con eso.

Pienso que nos falta, fíjate, un poco de organización. Un poco de capacidad de lobby que, como sabes, en el entorno anglosajón no tiene las mismas connotaciones negativas que en España. Necesitamos grupos capaces de sensibilizar, comunicar que tenemos buena gente y que esta gente ha hecho descubrimientos que merecen el Premio Nobel.

Nos falta esa organización. Y mientras no tengamos esa organización, esas capacidades, las cosas se complicarán. Por supuesto, esto no quiere decir que sea el lobby el que consigue el Premio Nobel. El Nobel se consigue por ambas cosas. Pero sin ese valor añadido de nuestra capacidad de influencia, que se ejerce porque estás presente en los sitios adecuados, todavía falta un poquito. Es mi impresión personal.

Rafael, tú que eres astrofísico… ¿tenemos neutrinos superlumínicos o no? ;-)

(Ríe) No, yo no creo que hoy en día se pueda decir eso. Yo creo que hay que repetir los experimentos. Hasta que un experimento no está repetido por diferentes grupos de investigación con los mismos resultados, no se pueden decir cosas tan alegremente.

Te pregunto esto porque tengo observado un fenómeno. Cuando llegan estas noticias como la del «taquión neutrino» ;-) o el GFAJ-1, por no mencionar cada vez que se habla sobre vida extraterrestre, se produce un pico enorme en el interés del público. Además, muy magnificado por los medios de comunicación. No poca gente dice que detrás de estas noticias tan llamativas pero con una base débil puede haber estratagemas para conseguir ingresos o presupuestos extraordinarios. ¿Qué opinas?

Eso sería falta de ética científica, reprobable por nuestra parte. Hasta donde yo sé, lo que suele ocurrir es que el mundo científico es extremadamente competitivo y a veces se dan resultados no como parte de una estrategia, sino porque realmente uno piensa que es así y está convencido.

La recomendación que todos hemos recibido en nuestra formación es que hay que comprobar mucho, mucho los grandes descubrimientos… Pero bueno, vamos a pensar que en la ciencia, como en todas las profesiones, hay personas que no tienen una ética profesional adecuada.

Lo que sí tenemos los científicos es el método para corregirlo…

…ciertamente: la verificación.

Eso es. No somos impolutos, porque no lo somos todos, pero sí es verdad que tenemos nuestra propia metodología para que eso no prospere.

Hay otra cosa que me llama la atención. A pesar de las críticas que se le hacen a la ciencia desde algunos sectores, como las pseudociencias o incluso las religiones, me hace gracia cuando los veo proponer una especie de «reconocimiento científico» de sus planteamientos. El crédito de la ciencia es tan inmenso que hasta ellos anhelan quedar bajo sus alas. Pero, por ejemplo, ¿por qué crees que las pseudociencias siguen siendo tan populares?

Una de esas cosas que se encuentra uno por ahí. Foto: La pizarra de Yuri. (Clic para ampliar)

Una de esas cosas que se encuentra uno por ahí. Foto: La pizarra de Yuri. (Clic para ampliar)

Mucha gente prefiere creer en que los platillos volantes nos visitan a decir: «¿dónde están las pruebas? O me lo verifica correctamente o esto no es verosímil.» La imaginación del ser humano es tan amplia que cualquier cosa le atrae. Si no entiendes algo, pero alguien te lo explica de una determinada manera, fácil, es normal creerle. Otra cosa es que luego el raciocinio te haga reflexionar y darte cuenta de que no es verdad.

Te lo preguntaba porque el otro día vi en mi barrio unos carteles pegados por ahí, cuyo título era «CONFERENCIAS CIENTÍFICAS» en letras grandes. Y claro, yo me fijo en esas cosas. Entonces leo cosas del plano astral, de la llegada de Hercóbulus o de un no se qué fotónico que transformará el mundo en 2012…

Bueno, pero eso es el abuso que se hace de la palabra «ciencia» para atraer al público. Eso, en definitiva, significa que la ciencia ya atrae al público y hay gente que la mal-usa para llamar su atención. Y seguramente habrá más de diez y más de veinte incautos que realmente piensen que están atendiendo una conferencia científica, pero evidentemente no.

De hecho, estuve tentado de acudir para ver cómo iba aquello y plantear dos o tres preguntas…

A veces es bueno hacer eso. Hay una cosa en la que nos ganan. Yo normalmente no suelo discutir con ellos en público, porque esa gente vive de la palabra. Nosotros vivimos de los hechos, y los hechos son muy difíciles de demostrar cuando no puedes usar ecuaciones o una terminología adecuada. Ellos tienen más don de palabra para rodearse de un público adepto, para convencer a la gente. Esa situación siempre es dificil para un científico.

Pero hay científicos excelentes que son capaces de discutir y rebatir todas esas posiciones. Y lo hacen muy bien, con un don de palabra tremendo. No todos los científicos somos capaces de hacerlo.

Es curioso el atractivo que tienen estas cosas. Yo, por ejemplo, cuando doy una charla o algo así, suelo decir que la probabilidad de que haya vida extraterrestre en el universo es muy elevada. Entonces vés cómo se abren los ojos y muchas caras se iluminan. Pero a continuación añado que la probabilidad de que nos hayan visitado es próxima a cero y veo la decepción en su mirada. ¿Asistimos a formas de neorreligiosidad paracientífica?

Yo creo que es una forma de no sentirse solos en el universo. En definitiva, el ser humano siempre ha buscado «arriba» respuestas a las preguntas que se hace sobre su entorno. Creo que si ahora mismo encontráramos planetas con signos de vida en nuestro sistema solar o cualquier otro, ya no vida inteligente sino solamente vida, sería un cambio de paradigma para el propio ser humano. Y eso es tremendamente importante. Ya ni siquiera hablo de religión o de ciencia, sino de conciencia.

Para terminar… ¿qué le recomendarías a un chaval, una chavala de doce, catorce, dieciséis años que quisiera ser científico?

Que se anime. Que la ciencia es terriblemente atractiva y que además puede ser tremendamente divertida. Es muy exigente, pero en la exigencia que tiene de uno mismo estás continuamente aprendiendo y abriendo tu mente. Desde mi punto de vista, eso es lo más importante que puede tener intelectualmente una persona. La carrera científica, aún siendo difícil, está abierta a cualquier persona.

La formación nunca está de más. Un buen científico, aunque en un momento dado deje la ciencia y esté en otras ocupaciones, siempre tiene una formación que le ayuda a seguir adelante. Mejor formación, mejor empleo. Y si quieres ser un científico, lo que te propone la ciencia es un reto continuo. Eso, intelectualmente, siempre es bueno.

Por cierto… ¿cuál sería el proyecto que más te gusta de los que estáis haciendo?

Imagen del asteroide (21) Lutecia tomada por la sonda Rosetta, a unos 150 millones de kilómetros de aquí. Foto: Agencia Espacial Europea. (Clic para ampliar)

Imagen del asteroide (21) Lutecia tomada por la sonda Rosetta el 10 de julio de 2010, a unos 150 millones de kilómetros de aquí. Foto: Agencia Espacial Europea. (Clic para ampliar)

¿Como gestor o como científico?

Hummm… como científico.

Como científico, lo que siempre me ha gustado ha sido la exploración del sistema solar. Ahora mismo hay un proyecto fantástico que va hacia un cometa. Es una nave espacial de la Agencia Espacial Europea, en la cual hay dos instrumentos construidos parcialmente en España, en el instituto del que yo provengo, el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ya ha atravesado el cinturón de asteroides. Hemos tomado unas fotografías, unas imágenes fantásticas y hemos sacado un montón de información sobre estos asteroides.

Ahora va de camino a encontrarse con el cometa, en la órbita de Júpiter. Está ahora mismo hibernada y lo seguirá estando dos años más. Empezará a despertar para encontrarse con el cometa y después viajar con él hacia el Sol. Es una aventura maravillosa.

Sí. ;-)

Otras entrevistas exclusivas en la Pizarra de Yuri:

Konstantin Novoselov, Premio Nobel de Física 2010
Sergei Krásnikov, proponente de los Tubos de Krásnikov para (casi)viajar en el tiempo

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