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Cosmos, de Carl Sagan

Desde hoy, con el diario Público

Supongo que esto es publicidad, pero me da lo mismo: representa también una buena ocasión para que Cosmos llegue a más hogares, y eso me parece importante.

Carl Sagan en Cosmos

Carl Sagan en Cosmos

Cosmos, un viaje personal es la obra maestra de Carl Sagan, probablemente el mejor divulgador de la ciencia y de las maravillas que se esconden tras la ciencia, tras la curiosidad, tras la capacidad de maravillarse, tras el pensamiento racional y el humanismo secular. Es la clase de cosa que debería estar en cada hogar, pues resulta imposible ver Cosmos y no empezar a hacerse preguntas, a indagar respuestas, a mirar al cielo y a la tierra con otros ojos, con otra mente y con otro corazón.

Hay quien dice que Cosmos ha envejecido, que la ciencia ha avanzado mucho en estos años, que por muy buena que sea es ya un producto antiguo. Yo, la verdad, me la acabo de ver de pe a pa y lo más que podría añadir son unas cuantas notas a pie de página; la mayor parte, para situar el contexto. El resto sigue siendo perfectamente válido, perfectamente actual, e incluso tan adelantado a su tiempo como lo era la primera vez que se emitió. Cosmos sigue hablando del futuro –de nuestro futuro– más aún que del pasado. Ignorando las ropas y peinados ochenteros y con una poca habilidad para leer entre líneas cuando Sagan habla de los peligros y esperanzas para la Humanidad, Cosmos ha envejecido mejor de lo que yo recordaba. Sobre todo, sigue siendo igual de íntegra y veraz. Sigue sin contar mentiras, algo cada vez más raro. Sigue siendo la mejor televisión posible, dedicada a instruir y fascinar mentes inquietas, no a embrutecer mediocridades o adular suficiencias. Sigue hablando de cosas verdaderas con honradez sencilla.

Cosmos, un viaje personal.

Polvo de estrellas

La Humanidad forma parte indisoluble, indistinguible del cosmos. Todo lo que somos surgió con el mismo universo y en el corazón de las estrellas. En palabras de Sagan, somos polvo de estrellas.

Tú y yo formamos parte indisoluble, indistinguible, del cosmos. Somos materia y energía, existimos en el espacio y el tiempo, evolucionamos con la entropía, la fluctuación, la luz y el calor. No hay tanta diferencia entre tú y yo y los peces y los diamantes y las estrellas. Nuestra naturaleza es la misma; somos –muy, muy profundamente– la misma cosa. Para ti, para mí y para todo lo que existe, el cosmos es algo personal.

Y esta es la auténtica historia más grande jamás contada: la historia de todo y de todos, de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos. Comprender el cosmos es comprendernos a nosotros mismos; entender tu ser profundo y el mío. De dónde venimos, dónde estamos, a dónde vamos y qué pintamos aquí, suponiendo que pintemos algo. Acompáñame. Vamos a descubrir, vamos a aprender, vamos a soñar cosas ciertas.

Es un muy largo viaje el que nos trajo hasta aquí, iniciado cuando tus primeros quarks y electrones surgieron en un lugar y tiempo de extrema energía. Ahora, vivimos en un universo a escalas inmensas, lleno de realidades asombrosas, desde la materia más minúscula hasta las grandes murallas estelares. Pasando, claro, por la vida: las plantas, los animales, tú, yo.

También ha sido un largo viaje de conocimiento, aprendizaje y evolución personal colectiva. Desde que algún retatarabuelo miró a las estrellas y se preguntó qué había allí hasta las naves que surcan el espacio profundo y observan galaxias lejanas, hemos vivido una fascinante aventura de curiosidad, maravilla, imaginación, escepticismo y pensamiento científico. Sobre las cenizas de aquella Biblioteca de Alejandría donde pereció el saber de la Antigüedad, hemos terminado por comenzar a entender. Poco a poco, hemos empezado a aprender.

Aprender estas cosas verdaderas es nuestro derecho, pues nos hace más sabios y mejores; y también nuestro deber, porque sin saber qué somos y cómo llegamos hasta aquí difícilmente podremos conocernos bien y empujar hacia un futuro mejor. Así pues, vamos a compartir desde este domingo el viaje personal de Carl Sagan, el astrofísico del pueblo, porque es nuestro propio viaje personal. Sí, el tuyo también. ¿O acaso tú no formas parte del cosmos, de la realidad?

En las orillas del Océano Cósmico.

El universo al que pertenecemos es un universo de escalas inmensas, que se observa a sí mismo con ojos humanos desde una minúscula cala en las orillas del Océano Cósmico. Y es en esta calita donde Carl Sagan, el astrofísico de la gente sencilla, inicia su viaje personal por el universo que somos; el viaje personal de todos nosotros, el de todo lo que existe.

Carl Sagan en su Biblioteca de Alejandría

Carl Sagan se adentra en su Biblioteca de Alejandría

Con En la orilla del océano cósmico, Sagan nos arrastra a un recorrido desde las distancias más grandes hasta las que mejor entiende la gente humana: galaxias, nebulosas, sistemas solares, planetas, la Tierra, el mar donde surgimos, la roca donde medramos. Así, comenzamos a descubrir nuestro lugar en el cosmos y nuestra verdadera dimensión.

Pero Sagan no se detiene aquí, sino que se adentra en otros dos largos viajes. Uno, desde los orígenes de la Humanidad, es el que nos ha permitido llegar hasta aquí, saber lo que sabemos, empezar a entender: la aventura fascinante del conocimiento, de la curiosidad, de la capacidad de maravillarse, del aprendizaje. La aventura de la ciencia, del método científico y del pensamiento racional.

Y con el segundo, nos lleva a otra larguísima odisea más: nuestro recorrido por el tiempo. Reduciendo la historia universal a un año –en uno de los muchos clásicos de la divulgación que caracterizan a Cosmos– podemos comprender los abismos temporales que permitieron la evolución del universo, de la Tierra, de la vida, nuestra propia evolución hasta ser lo que somos. Y seremos.

Dije al principio que Cosmos se realizó hace ya 30 años y la ciencia ha avanzado mucho desde entonces. Sin embargo, En la orilla del océano cósmico –por ejemplo– no ha envejecido más que estéticamente; y eso, en estos casos, hasta puede ser una virtud. Sólo cabría añadir que ahora no consideramos a Plutón como planeta, que el brazo galáctico de Carina-Cisne donde habitamos se define hoy como Orión-Cisne y que hemos encontrado algunas galaxias más en el Grupo Local. Todo lo demás que Sagan nos cuenta en este capítulo sigue siendo válido, actual, incluso adelantado a su tiempo y al nuestro. Hasta cuando nos habla de los riesgos que acechan a nuestro mundo –refiriéndose a las amenazas de la Guerra Fría que le tocó vivir– ya vislumbra los peligros para la posteridad. Los peligros de hoy.

Cosmos de Carl Sagan

Ah, sí, cada viernes publicaré una columnita en la sección de Ciencias (en papel y ocasionalmente también en la web), presentando el episodio de esa semana. ;-) De hecho, este post es una recopilación y ampliación de los dos primeros. Y no, ya sé lo que estás pensando, pero que conste que yo no me llevo ni un euro con todo esto. Hay cosas en esta vida que se hacen porque crees en ellas y quieres empujar hacia una sociedad, un futuro y unas personas un poquito mejores. Cosmos lo hizo con millones, incluyendo a este que te habla, y puede seguir haciéndolo hoy, aquí.

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